Creo que tengo suerte; soy madre y mi hija no quiere ser “youtuber”. No digo que dentro de ella no exista ese gusanillo por el glamour que respiran los “influencers”. ¿A qué adolescente no le seduce la idea de ser popular? En el fondo todos anhelamos el reconocimiento, pero imagino que este sentimiento es mucho más fuerte en la adolescencia, que es cuando uno se llena de inseguridades.
A la edad de mi hija, e incluso antes, son muchos los que ya hacen sus pinitos en Youtube con la esperanza de que alguna de sus grabaciones sea un “pelotazo”. Y los que no se aventuran en la creación de un canal con este objetivo, son fieles seguidores de alguno de los “youtubers” de moda. En esto desde luego mi hija tampoco es ninguna excepción.
Sin embargo, me enorgullece que pertenezca a ese tanto por ciento de jóvenes que quiere desarrollar una profesión para construir un mundo mejor. Es verdad que la vocación de servicio todavía ocupa posiciones altas en las encuestas, sobre todo en profesiones como policía y maestro, pero sin duda la marea de las redes sociales está haciendo estragos entre los más jóvenes, y la opción “youtuber” ya ocupa la 4ª posición en el ranking de las profesiones preferidas entre niños y adolescentes. ¿Y eso qué es?
Cierto experto en el tema define a los “youtubers” como usuarios de la red social Youtube, que crean sus propios vídeos y los difunden a través de esta plataforma. En líneas generales, el “youtuber” quiere provocar un impacto, porque ello le da opción a tener seguidores, y el número de seguidores es lo que permite que algunos se conviertan en “influencers”, lo que puede significar contratos jugosos con importantes firmas comerciales. En resumen, los “youtubers” son buscadores de popularidad y dinero.
Hasta hace nada, la fama “rápida” se buscaba en televisión, pero con la llegada del vídeo en red cualquiera puede ser famoso en cuestión de minutos. Si a esto se une el escaso veto que pone el canal, y que el grueso de los usuarios (seguidores) es también gente muy joven con bajo nivel de exigencia en cuanto a la calidad de los contenidos, ávidos de inmediatez, y por otro lado altamente influenciables, cualquiera puede erigirse en autoridad de una disciplina con cuatro pinceladas de esto y de aquello. Youtube ofrece un modelo muy práctico de aprendizaje; es la fórmula del “mira, hazlo así”. No podemos demonizarlo, imagino, sencillamente es así como van ahora las cosas.
Sin embargo, me alegra que haya chicos y chicas que aún quieren dedicarse a la enseñanza, a la medicina, a la ingeniería… Incluso me alegra que el fútbol siga siendo la profesión con la que más jóvenes sueñan, porque ese deporte tiene su componente titánico que lo hace atractivo no solo por el dinero que mueve, sino también porque despierta emociones, y no siempre las que generan más controversia; también sacude lo humano y arranca compañerismo, generosidad, humildad, respeto por el contrario… Muchos chicos y chicas sueñan esa parte del fútbol.
Sinceramente, no veo ninguna habilidad excepcional en “El Rubius”, el “youtuber” más seguido en nuestro país y el tercero más popular a nivel global según datos de Wikipedia. Y no siendo especialmente “grande” lo que hace este chico, aunque seguramente sí muy lucrativo, un gran número de niños y adolescentes lo elegirían como su jefe, según revelan las encuestas en las que se pregunta a los chavales “¿quién sería tu jefe ideal?”.
No podemos ponerle freno a la transformación que imponen las redes sociales, ni falta que hace; pero se me hace difícil creer que como padres no tengamos capacidad de influir en nuestros hijos para que eleven sus estándares y aspiren a un poco más de profundidad por lo menos.
Puesto que Youtube es una realidad incuestionable, un motor aspiracional que sigue creciendo, quizá la pregunta sea ¿cómo puedo llegar a ser yo también “influencer” de mi hijo y ayudarle a cuestionar con sus propias reglas de juego?

