De la trágica narrativa siria me viene suscitando dudas el origen de todo. Bien es sabido que la información que nos llega siempre esconde intereses que se nos escapan, y aunque sabemos que Siria es un bastión estratégico para Rusia, y un enemigo del interés económico de Estados Unidos, ¿cuál es la realidad subyacente que puso en marcha a la masa encendida, levantando una revuelta que ha terminado en tragedia?
Quizá hay algo detrás de la figura aparentemente trivial de la primera dama del Régimen de Al Asad. Si bien, esto ya lo sabemos, nunca es trivial la figura de la mujer junto al hombre, porque ella es sin duda su principal e imprescindible apoyo para que él logre sus metas. ¿Quiénes son Bashar y Asma Al Asad?
Nos llama la atención el aspecto de ella, extraordinariamente europea, atractiva, joven, sonriente; y, sobre todo, presente, muy presente en la vida política. Bashar no da la espalda a su esposa para hacerse la foto, como hace el oponente bélico Donald Trump. Bashar, recoge con su brazo el contorno de Asma para sonreír a la par, como un matrimonio, como una suma de dos que representan a un pueblo. ¡Qué curiosa representatividad en el corazón del Islam!
Oriente Medio es un saco de bombas, triste es el recuerdo que cada día nos abofetea la cara; y en medio de todo una élite gobernante con los días contados. El abrazo Asma-Bashar ha iniciado el declive, eso seguro; y con él, me temo, la destruida Siria será pasto del islamismo retrógrado que viene provocando en ese lado del mundo una involución vergonzosa. En fin, ya sabemos que no hay que dejarse engañar por las apariencias, pero ¡qué lejos queda esta imagen de dos, él y ella, del séquito saudí que tan buenas migas hace con el recién llegado y novato, señor Donald Trump!
Se sabe que en los últimos años la mujer siria ha venido ganando derechos, que no están obligadas a llevar velo, que estudian, trabajan y que perciben salarios. Se sabe, además, que el gobierno Al Asad es proteccionista, es libre y es laico; y que esto significa que cualquier religión es aceptada y es bienvenida, de manera que allí pueden convivir cristianos, musulmanes, judíos… ¡Qué poco han de gustarle a Arabia Saudí todos estos epítetos, y qué poca gracia debe hacerle a su religioso monarca que la mujer, si no quiere, no se esconda bajo un velo negro! Ahora las mujeres sirias se esconden, sí, con sus hijos bien amarrados entre sus brazos convertidos en fortaleza, rezando quién sabe qué tipo de credo, para que cesen de caerles las bombas. Que te maten al hijo es la peor de las cárceles, es verdad; una está dispuesta a ponerse un velo y lo que haga falta con tal de que al cachorro se lo dejen con vida.
¿Quién puso en marcha la rebelión de las masas en Siria, y con qué intereses de fondo?
Al Asad defiende una élite que es minoría en Oriente, en el Islam y en el mundo. Ser alauita es considerado herejía y es vergonzoso que un presidente hereje gobierne una región musulmana. Eso es más vergonzoso, parece, que destruir todo un pueblo. Pero además, el “dictador y culpable“ de la tremenda masacre (lo siento, no me lo creo) defiende la cultura árabe como identidad de su pueblo, ni musulmana ni de religión alguna, que eso lo hace cada uno en su casa; estado árabe y laico, libre de la intervención extranjera, y libre de dogmas que han de decirle a la gente cómo se reza y cuántas veces al día… Esta es la realidad subyacente que una descubre leyendo más cosas además de la prensa del día, y la obliga a hacerse una sola pregunta: ¿qué está pasando en el mundo?
Me temo que el Islam suní ya está en marcha para la reconquista del Globo. El afán de conquista debió ser el veneno que llevaba dentro la manzana de Eva, ¿no les parece? Al final las culpables seremos nosotras.

