Así se titula un magnífico libro que su autora, Ana Roa García, profesora, pedagoga y terapeuta familiar, ha presentado recientemente en el Colegio de Doctores y Licenciados. Tuve la suerte de compartir allí numerosos puntos de vista y, sobre todo, comprobé con gran agrado que hay muchos docentes preocupados por ofrecer soluciones a los problemas educativos actuales.

Estoy convencida de que estas soluciones han de venir precisamente de los Centros y de los profesores que adquieren este compromiso viviendo a pie de aula cada día. Es ahí donde la realidad tiene nombre y apellido, y no en los despachos del Ministerio. Por eso me acerqué a Ana al final de la presentación y le pedí permiso para comentar en mi Rincón Educativo su libro “EDUCACIÓN, ¿talla ÚNICA?”, en el que se muestra de una forma muy clara y didáctica la necesidad de que padres y profesores estemos muy atentos a lo que de verdad demandan nuestros chicos.

Quienes legislan se empeñan en empapelar a los directores, a los orientadores y por supuesto a los profesores, con una tonelada de programaciones didácticas, llenas de terminología indescifrable, en ocasiones, además de adaptaciones curriculares significativas (o no significativas…). En fin, ¡un despropósito! Todo esto está muy bien y es necesario, pero ¿cuándo nos dedicamos a atender de verdad a nuestros alumnos y, sobre todo, a aquellos que más nos necesitan? Ese es el verdadero problema que aterriza en la pura y dura realidad: acabamos aplicando la talla única porque, entre otras cosas, no estamos preparados para atender a la diversidad de forma eficaz.

Apoyo la propuesta de Ana Roa porque puede ser muy útil para los docentes; da muchas pistas a los educadores implicados en la tarea de atender a hijos y alumnos con dificultades. Para esta finalidad es imprescindible una detección temprana.

El prólogo de este libro corre a cargo de Irene Villa, que sufrió amputaciones junto a su madre como consecuencia de un atentado terrorista, y que ha supuesto un ejemplo de resiliencia. Desde aquel dramático momento supo que su vida estaría orientada a ayudar a todo aquel que tuviera que superar obstáculos. En sus palabras queda patente este objetivo:

“Los hijos han de saber que hay cosas innegociables como el esfuerzo, la amabilidad, la obediencia, la colaboración… La realidad es que si nos pasamos de generosos y permisivos, creamos tiranos que no saben tolerar la frustración. Y los primeros perjudicados son ellos, porque les dejamos sin escudo, sin las herramientas necesarias para afrontar situaciones en las que el viento sopla en contra. […] Si conseguimos inhibir malas conductas sin maltratar ni humillar, reforzando lo correcto y dando instrucciones en positivo, el día de mañana entenderán que el egoísmo solo conduce a la soledad y, lo más importante, que aunque la vida les ponga obstáculos, los superarán porque sabrán que los límites se los pone uno mismo.”

Por tanto, la educación no admite “talla única” y Ana Roa, en colaboración con otros profesionales expertos, muestra la forma de ayudar a nuestros niños en problemas como el estrés, las amistades, la resiliencia, la epilepsia, el autocontrol, la disciplina positiva, la “incomprensión” lectora, el trastorno específico del lenguaje y otros temas interesantes, con la misión de colaborar en la detección temprana de estas dificultades antes de que sea tarde.

Terminemos con una valiosa frase de Paulo Coelho, con la que finaliza el capítulo “Educar en resiliencia”: Un guerrero responsable no es alguien que toma el peso del mundo en sus hombros, sino alguien que ha aprendido a tratar con los desafíos del momento.