… ganancia de pescadores”, dice el refrán, y creo que se puede aplicar muy bien, en este final de curso, a las pruebas de evaluación externa que la Comunidad de Madrid ha aplicado en 3º y 6º de Primaria, en 4º de Secundaria, y la nueva EvAU (Evaluación de Acceso a la Universidad) en 2º Bachillerato.

La falta de acuerdos políticos y las improvisaciones del ministerio para lograr poner en marcha la LOMCE han provocado este despropósito de exámenes sin una clara función educativa para mejorar los procesos de enseñanza, pero sí suponiendo un nuevo derroche económico.

La Comunidad de Madrid informó tarde a los centros educativos sobre la realización de estas pruebas. También informó de la nueva Evaluación para el Acceso a la Universidad (EvAU) cuando los profesores tenían ya sus programaciones hechas en base a lo que “intuían” exigiría la nueva prueba.

Según informó la Comunidad, “las evaluaciones en Primaria y Secundaria no tendrán valor académico y supondrán una valiosa herramienta de diagnóstico para las familias, los centros y la Administración educativa”.

De nuevo nos venden humo y más humo, sin averiguar dónde se origina el incendio. De ahí que algunos sectores de la sociedad afectados por esta situación se hayan movilizado en contra de estas pruebas: los sindicatos, argumentando su ineficacia, el absurdo gasto y la falta de atención a la diversidad del alumnado; y muchos padres, animando a sus hijos a acogerse a su derecho de no presentarse a dicho examen.

La verdad es que cuesta entender la necesidad de aplicar estas pruebas con tanta precipitación, pero sobre todo tan mal diseñadas. De las pruebas de Primaria no tengo datos suficientes para opinar, pero de la de 4º de Secundaria los tengo sobrados, ya que he sido correctora de 172 ejercicios. Puedo asegurar que después de treinta y muchos años en la docencia tengo bastante claro cuáles son los objetivos que deberían alcanzar los alumnos de este nivel por lo menos en mi área, que es la competencia lingüística y literaria.

Mi sorpresa empezó en la reunión para explicarnos las normas de corrección, en la que pregunté si había penalización por faltas de ortografía, a lo que se me respondió que venía explicado en los cuadernillos de las cajas selladas. En casa inspeccioné detenidamente dichas normas, pero solo encontré una referencia a la corrección ortográfica para uno de los ítems. El enunciado pedía copiar cinco palabras (Lucía, relación, impensable, virtualmente y sinnúmero) en su columna correspondiente de una tabla, clasificándolas como “simples”, “derivadas” y “compuestas” (objetivo que ya se alcanza desde 5º de Primaria). Lo indignante es que nos pedían no tener en cuenta que el alumno copiara esas palabras con faltas de ortografía. ¡En 4º de la ESO!

Escribí un correo al responsable consultándole el susodicho asunto de la ortografía, además de otra cuestión que ahora no viene al caso. Obtuve la callada por respuesta. Me relajé y empecé a corregir… Mi sorpresa fue en aumento al ver el tipo de examen que serviría para medir los niveles de esta etapa. Por razones de espacio no puedo entrar en detalles, pero baste con dos pinceladas: un 70% de alumnos marcaba dos opciones a la vez (de cuatro, a elegir solo una y explicado ampliamente al comienzo del cuadernillo de examen); y un 35% elegía la opción de género dramático para una rima de Bécquer. Como estas, muchas cosas más… ¿Qué les parece?

Conclusión: sigo afirmando que la auténtica reforma educativa debe gestarse en las aulas y no sobre el papel, y con una buena formación del profesorado, algo que esta ley tampoco contempla.