10 de octubre de 2022, tras cuatro años de incumplimiento del mandato constitucional de renovación parcial del Consejo General del Poder Judicial, los representantes de los principales partidos de la Nación se reúnen para tratar de llegar a un acuerdo. Exhaustos tras el esfuerzo realizado, se entregan a las cámaras y micrófonos y uno de los portavoces proclama que se han dado “una última oportunidad”, comparando su situación negociadora con la propia de un matrimonio en crisis terminal. Los padres de la patria gastan un fino sentido del humor que apenas oculta su infinita sabiduría y el hastío que les produce tener que ponerse a trabajar: una vez y no más. Si no hay acuerdo, se divorciarán y que decida su señoría con quién se quedan los consejeros. Y es que hay que ser muy desalmado para obligarles a pactar y a cumplir con sus obligaciones a personajes tan facundos y jacarandosos. Ellos saben a ciencia cierta que no hay mayor garantía de la independencia judicial que la inamovilidad y por eso aspiran, subrepticiamente porque no apreciamos su sutileza, a convertir a los consejeros actuales en eternos, o a lo sumo vitalicios. Desaparecerá así todo atisbo de quebranto de su independencia y, además, habremos tenido una ración extra de socarronería televisiva.
El 14 de octubre de 2022 dos seres vivos, aparentemente bípedos e implumes, arrojan unos botes de sopa de tomate sobre el lienzo “Los girasoles” de Vincent van Gogh en la National Gallery de Londres. Apenas nueve días después, otros individuos lanzan puré de patata sobre un cuadro de la serie “Los pajares” de Claude Monet. En ambos casos, los semovientes culminaron su hazaña encolándose con pegamento a las paredes de la galería en la que se exponían las obras de arte. Al momento de escribir estas líneas se ignoran los motivos por los que las autoridades han considerado conveniente despegar a esas masas amorfas de tejidos vivos de los muros que las contenían e impedían nuevas agresiones a la belleza. En ambos casos, los “activistas” afirman actuar para concienciar en pro de la defensa del medio ambiente. Sin embargo, se sospecha que en realidad nos encontramos ante un avance de la nueva temporada del estupendo programa televisivo La bola de cristal, consistente en la proyección de diversas e ingeniosas entregas de sketches de la serie “Si no quieres ser como ellos, lee”: la próxima aprobación de la ley de bienestar animal ha aconsejado cambiar de ganado ovino para protagonizarlo.
Miércoles, 19 de octubre de 2022, una empresaria (eso, antes que nada) y abogada, anuncia a los cuatro vientos y a las tres redes sociales que en su despacho profesional (no confundir la profesionalidad con la pericia) han recibido “la visita de uno de nuestros clientes favoritos: Poncho”. El bueno de Poncho parece haber acudido a agradecer los buenos servicios prestados pues han conseguido “la custodia compartida por trimestres de la mascota [¿no era un cliente?]”. Haciéndose eco del sentir general, la letrada concluye su mensaje con estas emotivas palabras: ¡Enhorabuena a Poncho y a su humana! No hay noticias de la humana, quien es de suponer que habrá conseguido una notable rebaja en la minuta.
Sábado 22 de octubre. El diario independiente de la mañana cuenta que un paisano de Pola de Siero (Asturias) ha recibido una multa por la contaminación acústica que ha tenido que soportar un vecino neorrural. El urbanita, esforzado repoblador de la España vaciada (desde siempre) no ha podido resistir la estridencia de los mugidos de la vaca Carmina, escasamente empática y en absoluto ecológica. Afortunadamente, nuestras autoridades han intervenido para meterla en vereda, como si de una oveja manchadora de óleos se tratara.
Domingo 23 de octubre de 2022, el abajo firmante, persona de natural premiosa también para acceder a la información, descubre la existencia de una joven de 34 años que alardea de tener “la vulva más tatuada del mundo”. El abajo firmante ignora qué tipo de pruebas ha realizado para alcanzar dicha conclusión. Desconoce asimismo qué mérito pueda tener esa supremacía de la que tan orgullosa se muestra su poseedora.


