Gestión Emocional
Cada nuevo año que entra trae consigo el negociador de esperanzas que habita en nosotros. Los deseos y nuevos retos están ahí, en nuestro interior, pujando por salir y hacerse realidad. Pero, cuántas veces la envidia sale a nuestro encuentro limitando expectativas, minando nuestros proyectos, dejando a su paso una huella emocional difícil de solventar.
La Real Academia Española en su diccionario de la lengua define la envidia como la tristeza o pesar del bien ajeno; la emulación, deseo de algo que no se posee.
Clínicamente, la envidia es una turbación, una inquietud, que uno genera o recibe frecuentemente sin tomar conciencia de ello. Unas veces es un vampiro emocional que habita en nosotros; otras, un agente externo que nos visita con intención de quedarse y hacerse dueño de nuestra paz interior. Un demonio a combatir con fortaleza y decisión.
De forma inconsciente la persona se transforma y sufre una metamorfosis, quizá no tan aguda como la relatada por Kafka, pero profunda y perturbadora. Experiencias de infancia, vivir de forma constante en la cultura de la comparación, es lo que marca su inicio. Escuchar «Tú eres/no eres, tú tienes/no tienes o tú haces/no haces» es su semilla.
Educar a los niños en la creencia de «Tú puedes si quieres” por parte de sus personas significativas es lo que permite que la envidia no cohabite en ellos. Aleccionar en lo importante que es hacerse cargo de uno mismo como forma de conseguir las metas deseadas, así como adoctrinar en “ser mejor y no el mejor”, en aquello que uno desea y satisface es algo que está en sus manos.
Reconocer “ser envidioso” es lo que nos permite trasformar la envidia en algo positivo, en una oportunidad de crecimiento personal, en un motivo para la acción de poseer aquello que tanto se anhela y de lo que nos sentimos incapaz de conseguir.
Si reconocer nuestra envidia es importante, no menos importante es reconocer aquella que proviene del mundo exterior.
Los vampiros emocionales son ladrones del confort emocional. Habitan entre nosotros con piel de cordero, su esfera de emociones está marcada por odio y destrucción. Su complejo de inferioridad crece al amparo de la admiración que sienten por el sujeto objeto de envidia, lo que suplen y compensan mediante la crítica y descalificación.
Las vidas de las personas en las que anida la envidia están marcadas por la insatisfacción en el terreno personal y profesional; no disfrutan con lo que “son” o “han alcanzado” porque su mirada está fija en lo que el otro “es” o “posee”. Poseen un carácter invasivo a la hora de actuar, intentan corregir y controlar aquello que el otro “dice” o “hace”, enojándose con facilidad si no lo consiguen. Son personas incomodas en el ámbito laboral y en el de la amistad, les gusta ser exclusivos y excluyentes. Convierten los aplausos que reciben en alimento imprescindible de su autoestima, y esta necesidad les hace trabajar de forma permanente para conseguirlos. Su ceguera emocional, les incapacita para tomar conciencia de que su problema no son los otros, sino el enemigo que habita en él.
Su personalidad, mezcla de rasgos histriónicos y narcisistas, busca ser centro de atención cuando no toca, y exige reconocimiento cuando es incapaz de prestarlo. Su impulsividad de carácter, les hace incapaces de aplazar la recompensa del placer momentáneo por la de un placer más duradero, y les hace ser irreflexivo y no pensar en las consecuencias que pueden provocar sus actos en otros.
Recibir a estos VAMPIROS EMOCIONALES no es fácil, pero es necesario. Detectarlos es imprescindible para poderlos combatir.
Dra. Elsa Martí Barceló
Médico de Familia. Especialista en Psicoterapia Psicoanalítica
Directora de ele, Escuela de Liderazgo Emocional

