Entrar en un nuevo año invita a intentar hacer realidad un deseo común en todos nosotros ¡Ser feliz!
“La felicidad es el significado y propósito de la vida, el fin de la existencia humana” (Aristóteles).
Vestir de felicidad nuestro corazón, conseguir la plenitud interior, difundir que la felicidad se busca y se puede encontrar, es mi mensaje para este 2019.
Qué equivocado es considerar la felicidad como un “regalo” o un “privilegio” de algunos afortunados. La felicidad no es una condición innata y consustancial de una determinada persona. Tampoco es genético. La felicidad se adquiere en el día a día, se lucha por conseguirla y se trabaja para mantenerla. La vida es una carrera de no imposibles y sí de obstáculos que hay que ir superando con entusiasmo y esperanza. Hagámoslo investidos de felicidad.
Percibir la vida como un baile donde hay que aprender a acompasarse con acordes disonantes, esperando poderlo hacer con los valses más armónicos, es lo que permite comprender que no existe dicha sin conocer el sufrimiento. Dar solución a lo que causa dolor es lo que nos hace crecer en felicidad. Así pues, interioriza en tu código emocional que para tocar el cielo, hay que pasar unas horas en el infierno. Vestir de felicidad tus días exige pensar lo que deseas, sin evitar lo obligado, aquello que forma parte de tu experiencia diaria, que sin duda tienes que hacer para conseguir ese estado placentero que añoras y deseas. Como bien dice Carnegie “No es lo que tienes o lo que eres o donde estás, o lo que estás haciendo lo que te hace feliz o infeliz, es lo que piensas”.
Adquirir compromiso con lo que nos gusta e ilusiona es lo que multiplica de positivismo la actitud para conseguirlo. Deja de lado la falta de voluntad, la pereza o la falta de disciplina y actívate. Las cosas que suceden son aquellas con las que uno se compromete. No puedes elegir lo que te sucede en la vida, pero sí puedes elegir la actitud con la que lo vas afrontar. Disposición, fruto de la humildad, para aceptar las lecciones de vida; prudencia para evaluar los posibles riesgos; Respeto y consideración con los demás; Constancia y disciplina para conjugar expectativas futuras y limitaciones presentes.
¡Ser feliz es estar enamorado de la vida que uno lleva, querer lo que uno tiene! Capacitar nuestro amor para poder disfrutar de los buenos momentos de forma real y no imaginada, para disfrutar con nuestros seres queridos, familia y amigos, para comprometernos con nuestras profesiones y vocaciones, apasionarnos con nuestras aficiones, cultivar nuestras creencias, es lo que hace satisfacer nuestras necesidades más inconscientes.
Crear tiempo y dedicación a la sobreabundancia del buen apego, para los afectos y estima de personas presentes y sin duda, también, de aquellas que forman parte de nuestros maravillosos recuerdos es lo que conforma la felicidad de nuestros días. Llenar nuestro presente de momentos vividos felices a su lado es lo que da estabilidad para seguir viviendo y luchando. La felicidad no llega cuando conseguimos lo que deseamos, sino cuando disfrutamos de lo que tenemos. Acércate a los que te quieren y huye de los que no te quieren. Siembra en un campo fértil, confianza, gratitud y cosecharás felicidad.
Gandhi nos dice que la felicidad se consigue cuando “lo que piensas, lo que dices y lo que haces están en armonía”.
Ser feliz es el resultado de la reflexión, compromiso y constancia.
Reflexión para conocer qué es lo importante.
Compromiso para obligarte con aquello que es importante.
Constancia en la determinación y modo de llevarlo a efecto.
Piensa y comprométete, di conmigo “Yo puedo ser feliz”, ponte a ello.

