Cuando estaba preparando este artículo para Uds. me he dado cuenta de algunas reflexiones que me gustaría transmitirles:
1ª Hace algunos meses escribí un artículo que titulé “Que veinte años no es nada…”. Claro, seis años menos. Pero es el tiempo que llevo en contacto con este periódico. El 1º de Agosto de 2011 pudieron leer mis opiniones por primera vez. Que sigan atendiéndome dice mucho a favor de su casi infinita paciencia.
2ª Ayer leí que era el Día Internacional del Gazpacho. Quedan miles de Días posibles todavía, y voy a sugerir a quien corresponda el Día Internacional del Bocadillo de Calamares.
3ª Hace unos días se ha presentado en Málaga, concretamente en Mijas, una versión andaluza de “El Principito”, de Antoine de Saint’ Exupery, titulada “Er Prinzipito”, escrita por un profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y cuyo nombre es Huan Porra, miembro de la directiva del SAT. Busqué en Internet, comprobé que no era una broma, empecé a leer las primeras líneas, y no entendí nada. Ni una palabra. Soy andaluz, y nunca había leído algo parecido. Ni oído, tal como se expresa. Si tienen curiosidad, comprueben en Internet lo que he escrito. Y si entienden algo, mis felicitaciones. Por cierto, el SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores), es independentista andaluz, y entre sus directivos están Cañamero y Sánchez Gordillo.
4ª He decidido prescindir de la expresión “política de campanario”, que usaba habitualmente, y que algunos de Uds. pueden recordar haber leído en mis artículos, y con la que me refería a la epidemia independentista que en los últimos años nos está contagiando, de carácter local o regional la mayoría de las veces. La lectura diaria de prensa, escrita o digital, o el seguimiento de los medios televisivos y sus infinitas tertulias, ha puesto de manifiesto que el problema catalán, el más soterrado y solucionado temporalmente del País Vasco o el creciente de Navarra no admiten ningún tipo de bromas. Porque la visión desde el campanario ya no es suficiente. Y no he contado el número de catedrales que hay en España, seguro que más de diecisiete, y además desde sus torres no abarcan todo el territorio problemático. Porque se ha puesto de manifiesto por nuestras clases políticas que lo importante para el país no son las personas, sino los territorios. Cuidado, no mezclemos los votos por número de ciudadanos que por número de hectáreas que pueden representar. Si nuestros políticos no se dan cuenta a tiempo, la Casa de Alba puede hacerse dueña de nuestras Cortes.
Pero quien no se ha dado cuenta a tiempo he sido yo, que me he perdido en desarrollar unas notas que tenía para transmitirles, no necesariamente en este artículo, para el que había pensado en un tema literario que lleva unos meses de actualidad, y que es la novela “Patria”, de Fernando Aramburu. Y que, naturalmente, me he quedado sin espacio para desarrollar. No soy un crítico de libros, como Uds, ya habrán notado, y me defino a mí mismo como “impresionista”. Es decir, una obra cultural de cualquier índole me impresiona o no. O sea, me satisface o no. Al margen de cualquier crítica “profesional” con la que puedo estar o no de acuerdo.
Si les interesa, en el próximo número de LA VOZ, les transmitiré mis reflexiones sobre esta novela, que me ha “impresionado” muy favorablemente. No solo por que está magistralmente escrita y desarrollados sus personajes y el medio ambiente en el que amargamente se mueven, sino por toda la maldita herencia cainita que este país, esta civilización que hemos creado y estamos desarrollando, no ha conseguido hacer desaparecer.
Pero recuerden, aunque la ola de calor extremo parece que ha pasado, el gazpacho sigue siendo necesario.

