Cuando estaba preparando las líneas que Uds. van a leer me di cuenta de que había elegido un día un tanto particular, en el que se unen dos conceptos absolutamente independientes; el eclipse de luna con ese color rojizo que lo hace tan particular y permite también llamarlo “Luna de sangre” y su denominación en inglés como “Blue Monday”, que he leído en algún sitio que se considera como el día más triste del año, el tercer lunes de enero. Decidí dejar de escribir y me puse a leer una novela de detectives.

Hoy es martes. Ya no estoy triste. Helado, porque parece que el invierno ha llegado de verdad y la sensación térmica, como dicen los expertos, nos coloca bajo cero. De momento, sin nieve por esta zona, pero llegará. Y será bienvenida, como la lluvia, tan esperada desde hace meses. El cielo está mitad azul mitad grisáceo, lo que engloba las dos acepciones del diccionario que uso, “azul” y “triste”. Mi escaso inglés no me permite analizar en profundidad las diferencias. Bueno, la realidad es que tampoco soy capaz de adecuar la mayoría de las frases insertas en los artículos de prensa, sobre todo los de opinión, cada vez más trufados de palabras incomprensibles, en general mal seleccionadas, y absolutamente inútiles, porque nuestro idioma es capaz de expresar cualquier hecho, o suposición u opinión. Y naturalmente de analizarla.

Hay una expresión que no cesamos de repetir, o de leer, que es “fake news”, que ha popularizado la inagotable capacidad del presidente de EE.UU Donald Trump de utilizar el sistema Twitter para difundir todas las ideas, en general disparatadas, que le vienen a la mente. Y que traducimos, habitualmente, por “noticia falsa”, sin analizar la diferencia que existe, en un buen uso de nuestro idioma, entre “noticia falsa” y “falsa noticia”. Piénsenlo un instante: una noticia falsa es, simplemente, mentira; una falsa noticia es que no existe.

Este continuo ataque a nuestro idioma, originado naturalmente por intenciones comerciales de índole mercantil y económica, está trayendo consecuencias perjudiciales para nuestro sector comercial, en el que el concepto “rebajas” ha cambiado. Ahora es outlet.

Y ya ha habido algún intento más duro, como el de subtitular en español películas o series cuyo idioma original, con sus peculiaridades, es español. El más conocido es “Roma”, película subtitulada (!) que sigue exhibiéndose así en algunas salas de cine. Y hay algunas series de las que se han retirado los subtítulos ante las quejas del público.

No sé si son Uds. aficionados a las series de TV. Yo cada vez más, sobre todo porque desde que las emisoras de TV descubrieron esa maravilla que se llama “prime time”(!) y que significa que la película comienza a emitirse casi a las once de la noche y dura cerca de dos horas. Las series tienen una duración inferior a una hora, lo que permite irse a la cama casi temprano. Y yo me pregunto cuál es el motivo por el que adaptamos nuestro idioma, dentro de ciertos límites, a la nomenclatura estadounidense y en cambio nuestros horarios de trabajo y descanso siguen siendo los mismos, y los defendemos así. Supongo que la palabra adecuada para este tipo de vida debe ser “desconciliación”.

He escrito sin concretar, algo sobre series. Quiero recomendar a Uds., si no las han visto, tres series españolas de gran calidad: “El día de mañana”, “Arde Madrid” y “La casa de papel”. Esta última, de la que se ha hecho cargo Netflix, va a ser un éxito mundial. ¿Saben lo primero que ha hecho Netflix para su distribución?. Disminuir la duración de los capítulos aumentando su número. Así incluirla de verdad en Prime time.