Noche de Reyes MagosMe resisto a pensar que pueda existir una noche más mágica y entrañable que la del 5 de enero.

Todavía recuerdo cómo mi madre me explicaba el sentido y la importancia de esta fecha tan señalada, la noche en la que tres Magos de Oriente <<Melchor, Gaspar y Baltasar>> viajaron siguiendo la luz de la estrella de Belén para llevar regalos a quien reconocían como el hijo de Dios y cómo, desde entonces, tras la ilusión que despertó su presencia, tienen la maravillosa costumbre de visitar todos los hogares.

Escuchar este relato fascinante y significativo me hacía ser cautelosa en mis conductas, pronto recibiría la visita de los Reyes Magos. Debía portarme mejor de lo acostumbrado porque ellos lo veían todo y si no me portaba bien, dejarían carbón y no juguetes.

Para mí, con pocos años de edad, era inexplicable la capacidad que tenían sus Majestades, los Reyes Magos, de llegar a tantos lugares y dejar juguetes para todos los niños ¡Qué bondad la de estos Magos!

Pasado los años me da pena ver cómo a medida que nos hacemos mayores el interés por esta fiesta va decayendo, se sustituye por otras tradiciones venidas de otras creencias religiosas, o incluso se pierde. Me entristece ver cómo para muchos adultos esta fecha carece de magia y encanto, cómo sin querer una celebración de tanta tradición pierde significado por la inmediatez de lo fácil y de lo sencillo, porque no nos engañemos, las navidades para muchos de nosotros representan fechas complicadas que como una obligación se contemplan.

De pequeños, muchos vivíamos felices porque todo lo que se hacía en esos días lo contemplábamos como algo bonito y lleno de magia: el árbol con sus luces, el nacimiento con sus figuras, planes en familia, la llegada de los Reyes Magos… Pero de mayor todo se complica, ya no todo es tan fantástico: nos faltan personas queridas, las familias crecen, entran nuevos miembros y reunirse resulta difícil no solo por el trabajo que ello conlleva, sino también porque las relaciones entre algunos familiares no son tan satisfactorias como uno querría. Nuestros progenitores pasaron por esas dificultades y las superaron.

“El egoísmo hace que la Navidad sea una carga, el amor hace que sea una delicia” (anónimo).

La generosidad en estas fechas es importante para desplegar apego, afecto y cariño, por eso os propongo que volváis a ser niños, que esperéis la llegada de los Reyes Magos con ilusión y esperanza a pesar de ser tiempo de mucha añoranza, y más este año que entramos en una nueva década ¡Ellos, nuestros niños, se lo merecen! Los regalos más bonitos son los que no se ven con los ojos pero se sienten con el corazón, la bondad, entrega y dedicación deben ser el propósito en estas fechas.

Por todo ello os invito a escribir una carta dirigida a los Reyes Magos, en la que más que pedir, demos gracias por la generosidad recibida durante tantos años. Es la forma de rendir tributo a los que hicieron inolvidables nuestras Noches de Reyes, a aquellas personas que nos enseñaron que es más importante el amor inhalado en esa fiesta que el valor material de los regalos recibidos.

Es responsabilidad de todos mantener esta tradición que con tanto esmero otros cuidaron y nos dejaron como legado. Las tradiciones son lo que dan significado a por qué hacemos lo que hacemos, por qué repetimos patrones de conducta y dejamos que ciertas creencias gobiernen nuestro presente. Las tradiciones fortalecen el sentido de pertenencia, son la señal de identidad con nuestra familia y el instrumento mágico por el que se fortalece la conexión emocional entre sus miembros.

Como dice Bill McKibben, “No existe la Navidad ideal, solo la Navidad, que uno decida crear como reflejo de sus valores, deseos y tradiciones”.