“No me gusta cómo me habla, si lo que dice lo expresase de otra forma, quizá no me haría sentir así de mal…”

Asertividad, no es un término definido por la Real Academia Española de la Lengua. Sí en cambio, el adjetivo “Asertivo”, dicho de una persona que expresa su opinión de manera firme y en sentido afirmativo.

La asertividad es el camino adecuado para conseguir el entendimiento entre las personas y para el reconocimiento mutuo, donde todos ganan y nadie pierde en la relación tú a tú. Es la capacidad de comunicar y expresar en la forma correcta aquello que sentimos, queremos y esperamos de la relación con el otro, exponiendo nuestras opiniones con firmeza pero sin que la otra persona se pueda sentir agredida o dolida.

Saber comunicarse de forma asertiva es una de las competencias más importantes del ser humano. Protege del dolor y de la frustración y encamina al placer y al bienestar.

La comunicación asertiva es el lenguaje del corazón; es el salvoconducto para traspasar las barreras emocionales de la comunicación.

Cuando uno es asertivo, obtiene lo que desea y necesita, conquista la fe y convencimiento en sí mismo, potencia su autoestima y auto aceptación. No existen seres superiores ni inferiores; existe un Yo satisfecho que genera expectativas con optimismo y esperanza a la hora de convertir lo imaginable en realidad. Siembra y recoge una abundante cosecha.

Comportarnos bajo la cultura de la asertividad nos hace validar, emocionalmente, a las personas que conforman nuestro entorno y comunicarles dicho reconocimiento. Ser asertivo nos permite expresar elogios a los que lo merecen y manifestar disconformidad ante experiencias injustas de manera adecuada y respetuosa. Ser asertivo es la clave para el autoconocimiento, conocer las emociones que nos invaden con intención de adecuarlas al momento; y para la auto aceptación, querernos sin pensar lo que el otro piensa de nosotros; y para fortalecer nuestra forma de ver la realidad externa e interna a la hora de cumplir con nuestras ambiciones o de pedir ayuda, sin sentir vergüenza por ello, o de rectificar si estamos equivocados.

Sin duda alguna, podemos afirmar, la Asertividad es el maestro de ceremonias a la hora de dirigir un comportamiento efectivo y cambiar los resultados de peor a mejor de muchas situaciones.

Pero, desafortunadamente, no siempre uno consigue ser asertivo al enfrentarse a múltiples experiencias vitales. ¿Cuántas veces adoptamos una actitud de sumisión por miedo a decir lo que pensamos o expresar lo que sentimos? , ¿Cuántas veces nos ponemos a la defensiva, reaccionando con agresividad, frente al desprecio, indiferencia o manipulación? ¡Muchas!

La persona poco asertiva incomoda el ambiente al tratar de imponer sus necesidades y sentimientos por encima de todo y de todos. Desconoce sus limitaciones y no es consciente de sus malas formas hasta que se ve alejado de su círculo personal y apartado en su ámbito profesional.

Por consiguiente, qué importante es adquirir capacidades asertivas, entrenarlas y hacer de ella, la asertividad, un hábito en nuestro estilo de comunicación, expresión y exposición. Poseer este comportamiento comunicacional es lo que estigmatiza una personalidad satisfecha consigo misma y seductora ante los ojos de los demás.

¿Cómo desarrollamos la asertividad? Empecemos por tener claro lo que queremos expresar y hagámoslo libremente, defendamos nuestros intereses, demos nuestras opiniones, no renunciemos a nuestros enunciados, admitamos el desacuerdo y la réplica sin que por ello uno se sienta agredido. Intentemos entender a quien no está de acuerdo, escuchemos sus argumentos, aceptemos la crítica. Pongámonos en el lugar del otro, aunque tengamos finalmente que contradecirle, sin sentirnos culpables por ello.