Hablar de vocación y de profesión es una de las conversaciones más importante que uno puede tener con uno mismo; implica el descubrir quién y cómo soy, saber hacia dónde quiero ir, qué me siento llamado a hacer, y qué debo realizar mediante el ejercicio de la profesión.

Vocación, inclinación natural, que ya desde niños se empieza a manifestar, nos hace hablar de pasión e ilusión por conseguir nuestros anhelos. Mientras que profesión nos hace hablar de aquella actividad laboral, central en la vida, que vamos a realizar.

Los jóvenes, al terminar el colegio o el instituto, se enfrentan a una gran decisión ¡Elegir una carrera que les dé satisfacción y cubra sus necesidades!

Quizás por la inmadurez emocional propia de la edad, esta elección se vuelve muy difícil. Es una decisión que implica responsabilidad, la mayoría de las veces se encuentra condicionada por vivencias emocionales, por el «miedo a no ser capaz y fracasar”, o por la “sorpresa e incertidumbre respecto al futuro que les espera». Elegir es un acto de valor muy significativo; implica la renuncia a otras opciones, y supone que lo que se ha elegido va a condicionar su proyecto de vida.

Algunos padres, con sus mejores intenciones y propósitos, desean influir en la elección de los estudios a realizar por sus hijos y demuestran un interés legítimo en el devenir profesional de estos.

Esta actuación, sin duda, caldo de cultivo de enfados y enfrentamientos, se produce como consecuencia, en ocasiones de disparidad de criterios o incluso de intereses entre lo que consideran los padres que es mejor profesionalmente y el deseo o la verdadera vocación del joven.

Aceptemos que una vez terminada la educación/formación escolar, la decisión de seguir estudiando y en qué estudios le compete a los hijos, por cuanto que además va a condicionar, aunque no siempre, su futuro profesional.

Analicemos, ¿Por qué los padres, en muchos casos, “se entrometen” en algo que debería ser decisión de los hijos?

Los padres tienden a hacerlo de forma natural ¡No olvidemos! que están acostumbrados a protegerlos, desde que nacen, del peligro y de la equivocación. Piensan que su experiencia de vida les doctora con la sabiduría necesaria para organizar el futuro de sus hijos.

No son conscientes de que con esta actitud, la mayoría de las veces se puede contaminar e incitar a elegir lo seguro frente a lo que conlleva dificultad e incertidumbre y representa la verdadera vocación. Ejemplo de ello son los padres socios de una empresa profesional o mercantil que quieren que sus hijos sean continuadores de la actividad que ellos ejercen a fin de facilitar el futuro profesional de sus hijos. La pretensión por parte de la familia de que los jóvenes sigan los pasos de sus mayores es un legado que no siempre es bien aceptado.

A veces, el motivo se halla en la proyección que hacen los padres sobre la figura de su hijo; intentan guiar su vocación con el objetivo de ver cumplido un sueño, lo que ellos no fueron capaces de realizar o alcanzar. Otras, un mal recuerdo de la obligación de haber tenido que estudiar una carrera pesa tanto sobre ellos, que les lleva a mediar en el sentido de que los hijos no sigan la senda de los padres, que tan malas cosechas han producido.

Frente a estas reflexiones, e intentando compaginar el derecho de los padres de asesorar, incluso influir, con el derecho de los hijos a decidir ¿cuál sería la actitud correcta a tomar de unos y otros?

En lo referente a los padres, estos deben de escuchar y entender cuál es el deseo de sus hijos, y partiendo de esto proponerles, no imponerles, aconsejarles, hacerles ver los pros y los contras, en la toma de decisión, para que una vez que haya sido tomada ayudarles a consolidar aquello que han elegido.

Y con respecto a los hijos, lo aconsejable es oír y escuchar la voz y experiencia de sus mayores, estar abiertos a recibir los consejos, a analizar los argumentos favorables y negativos de los enunciados de los padres. No considerando nunca que la opinión que reciben, de forma desinteresada, es una injerencia, sino por el contrario, en la mayor parte de los casos, una inestimable ayuda.