Gestión emocionalDRA. ELSA MARTÍ BARCELÓ

¡Llevamos un año en el que todo es diferente! La nostalgia de ayer se impone en el hoy y empaña nuestro futuro. Nos parece surrealista, asombroso y preocupante, todavía a estas alturas, la existencia de esta realidad, la pandemia. La crisis sanitaria, económica y social en la que estamos inmersos está exasperando los ánimos y el carácter de muchas personas.

Impulsar iniciativas, incentivar voluntades constructivas, en tiempo de Covid, no está siendo fácil. Permanecer tantos meses sumidos, enfrascados, embebidos en la desgracia y en un estado, del que es difícil salir, está haciendo que la solidaridad, el coraje, la lealtad o la empatía, a los que tanto recurrimos en un principio ante el dolor, el sufrimiento, la incertidumbre y la frustración, se debilite.

El SARS-Cod-2 resta generosidad al mundo exterior porque en el interior hay mucha carencia de “todo”. El miedo, el enfado se impone para proteger un egoísmo sano, imprescindible para subsistir en la desolación y desesperanza. No hay que olvidar que nos enfrentamos a un ladrón de guante blanco, no visible para sus víctimas, sutil e ingenioso a la hora de arrebatarnos lo más querido.

No dejemos que este enemigo común nos debilite el ánimo, nos transforme y nos divida. ¡Seamos resilientes! Afrontemos la adversidad y salgamos triunfante de ella.

Generemos expectativas optimistas al son de que “No hay mal que 100 años dure”. Reflexionemos sobre lo que en otras circunstancias hemos sido capaces de soportar y superar, y así ver nitidez donde otros ven confusión y desconfianza.

Capeemos el temporal con la mejor de nuestras sonrisas, hagamos frente a las dificultades que hoy nos embargan con paciencia, constancia y sin perder el optimismo, haciendo nuestro el pensamiento de que toda situación, por muy complicada y difícil que sea, tiene siempre término.

No dejemos que el coronavirus interfiera a la hora de elaborar o establecer planes de futuro que nos ilusionen, como por ejemplo disfrutar de lo que todo los años nos trae el mes diciembre ¡Fiestas mágicas donde todo lo imposible cobra realidad y se hace posible! Días de recogimiento y de estar en familia, de ser niños de nuevo a través de la ilusión de ellos.

Preparémonos pues para vivir esta Navidad tan inusual con expectativas acorde a lo que el momento demanda y necesita. Responsabilidad para aplazar el placer inmediato por un placer más duradero, que evite poner en riesgo la salud de nuestros seres queridos por no cumplir con lo preceptuado por investigadores y técnicos de la salud. Aceptar la situación que vivimos y adaptarnos a ella, es lo que sin duda va a permitir acomodarnos a la realidad de lo que está ocurriendo y buscar alternativas que ayuden a pasar estos días de la mejor forma posible.

El coronavirus vetó y obstaculizó el disfrutar de la primavera, el desplazarnos con libertad en el caluroso verano, el reunirnos y compartir el otoño. Preparémonos, mentalicémonos para no desmotivarnos en estas fiestas que se avecinan. Vencerlo está en nuestro círculo de influencia, depende de nosotros. Sobreponernos y adaptarnos es lo que sin duda va acelerar que volvamos a la realidad de antaño al bienestar.

Para ello, rodeémonos de personas positivas, dinámicas, creativas y con deseos de crecer ante la adversidad. Demos paso al amor alejando el rencor que impida subsanar errores cometidos o malos entendidos. No nos engañemos con la disculpa de no poder estar de forma presencial y expresemos, en cualquier caso, nuestros sentimientos y afectos.

No dejemos que el cansancio de meses atrás haga mella en nosotros, que nos debilite para seguir luchado. Centrémonos en hacer aquellas pequeñas cosas que nos satisfacen y podemos hacer. No perdamos pues la ilusión ni el espíritu navideño.

Recuerda: “querer es poder” y tú puedes vestir de gala tu corazón para estas fiestas. Se lo debemos a ellos, a los que colmaron de ilusión estas fiestas cuando éramos pequeños, nuestros entregados y maravillosos padres.