Gestión emocional: a cara descubiertaDra. Elsa Martí Barceló

¡España, el mundo entero, está en erupción! Todavía no puedo creer lo que está sucediendo, el cambio de vida que se ha precipitado en tan solo unos pocos días. Explicar lo que yo siento en estos momentos es complicado. Mis pensamientos al igual que mis sentimientos se desordenan al son de malas noticias “nunca como médico viví una situación igual”. Si bien es verdad que afortunadamente no he sufrido en carne propia ni las consecuencias hospitalarias de una guerra ni las derivadas de una importante cataclismo natural.

Racionalizar el miedo, aunque es difícil, se hace necesario en pro de priorizar preocupaciones, gestionar frustraciones o dominar la tristeza y la ansiedad que hoy nos invade en distintos momentos del día. Ver contagiados a los que quieres es un temor común en todos nosotros. Nadie hemos sido vacunados para no sentir el dolor ni el sufrimiento ajeno. Preocuparse por el bienestar ajeno y propio es lógico y natural. La salud es nuestro bien más preciado, pero no debemos ni podemos dejar que el miedo nos bloquee, nos quite la capacidad de reacción frente a la amenaza. Ese miedo debe ser el que nos ponga en alerta para no bajar la guardia frente al peligro inminente, el que nos haga cuidar al máximo esas medidas de prevención para evitar contagiar y que nos contagien.

Debemos impedir que el miedo nos haga víctima vulnerable frente al enemigo. Es el momento de sacar el héroe que habita en nosotros, ese “Yo” altruista y generoso en pro del “Nosotros”. Las situaciones difíciles son la oportunidad para intensificar relaciones con allegados y conocidos y hermanar con desconocidos (aunque en estas circunstancias haya que hacerlo a distancia). Lo mejor de esta vivencia es que el mundo entero ha elegido vestirse de solidaridad y asumir responsabilidades de forma conjunta.

La solidaridad, la adhesión, el apoyo a los demás en situaciones extremas y difíciles, es la cualidad humana por excelencia. El principio en el que se asienta la transformación de las personas, lo que hace florecer el ángel que habita en nosotros y dar lo mejor. La cualidad que mantiene a las personas unidas frente a la adversidad.

La solidaridad se manifiesta desde la responsabilidad social. Ante un mal común hay que dar una respuesta responsable común y coherente. La solidaridad se expresa a través de actitudes y hechos responsables en favor del bien colectivo. Lograr la participación e implicación de todas las personas para que se cumplan aquellas normas que las autoridades médicas y gubernamentales hayan dictado, en pro del bien común, en estas circunstancias tan excepcionales, es más necesaria que nunca.

La pandemia de coronavirus ha roto el ritmo emocional de mis pacientes y el mío propio. Como dijo hace poco el secretario general de la ONU “La situación actual que vivimos es una crisis humana que llama a la solidaridad. La humanidad está angustiada y el tejido social se está desgarrando. La gente está sufriendo, enferma y asustada”.

Es el momento de tomar conciencia social sobre cómo la pandemia asola, arruina y destruye todo lo prioritario para el ser humano: salud y amor, y asumir nuestra responsabilidad social. Preguntarnos ¿qué puedo hacer yo para cumplir con mi compromiso y obligación como miembro de la sociedad? En mi caso está claro estar al pie del cañón, extremar el cuidado de mis pacientes y las inquietudes de sus familiares.

Me siento reconfortada y orgullosa al ver cómo hijos y nietos evitan ver a sus padres y abuelos para no contagiarlos; cómo otras personas siguen trabajando, algunos desde sus domicilios, desafiando al maldito virus, con la misión de poder llevar los recursos económicos a sus hogares.

Me emociono al ver el ímprobo esfuerzo que estamos haciendo para cuidar a esas personas tan vulnerables a la enfermedad que todos queremos “nuestros mayores”, aunque los resultados en ocasiones no sean todo lo satisfactorios que desearíamos, y, por supuesto, me emociona acudir a la “cita de aplausos” que reciben/recibimos todos aquellos que hoy están/estamos trabajando en el cuidado de todos: personal sanitario, farmacéuticos, policías, militares y guardias civiles, transportistas, dependientes…También es encomiable el comportamiento de muchas empresas que transforman sus líneas de producción para abastecer al sistema sanitario, ceden sus espacios o prestan de forma altruista sus servicios, haciendo que los aspectos económicos ocupen un segundo lugar, pues lo prioritario ahora es salvar vidas.

Sin duda esta crisis de salud traerá un antes y un después a nuestras vidas, nos hará valorar la importancia de pequeñas acciones: besos, caricias y abrazos o decir un te quiero o un te necesito.