Dra. Elsa Martí Barceló
Recientemente, en la consulta un profesor hacía referencia al mal ejemplo que algunos padres están dando a sus hijos y cómo ese perjudica de forma alarmante en su educación.
Ello me hizo reflexionar y preguntarme si ese mal ejemplo al que se refería el profesor debía incardinarse bajo el termino de “educación” o de “la mala educación”. Puede parecer lo mismo, pero no lo es.
“La educación” debemos de entenderla, en su doble acepción, como la formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual, moral y afectiva de las personas de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenecen, y como la transmisión de conocimientos a una persona para que esta adquiera una determinada formación.
“La buena o la mala educación”, en el lenguaje popular, la asociamos a la aplicación o no de buenos usos de urbanidad y cortesía. Considerándose mala educación a aquella conducta social inapropiada y desconsiderada hacia otras personas, signo de una falta de madurez psicológica y de una baja empatía, que provoca rechazo social y da una pobre imagen de la persona que la ejerce.
Es a esa “buena o mala educación” aunque también podríamos denominarla falta de la educación adecuada, a la que voy a referirme.
Los niños son espejo de las personas que les educan. La forma de pensar, sentir y actuar de los más pequeños son expresión de las normas, hábitos y costumbres de sus educadores, ya que ellos son su principal fuente de aprendizaje. La actitud y formas de proceder de los progenitores condicionan los comportamientos de los menores a la hora de comunicarse, convivir y relacionarse.
Es por ello por lo que se hace tan necesario que los padres tomen conciencia de la huella que deja “su forma de ser, hacer y ofrecer” en la educación de sus hijos.
Qué difícil es que los progenitores puedan inculcar en sus hijos una buena educación, si ellos no son tenedores de aquellos principios y valores que son brújula de las personas a la hora de realizar las actuaciones de forma correcta y tomar las decisiones correctas. Hago referencia a criterios éticos como la honestidad, el respeto, la lealtad, la solidaridad o la justicia entre otros muchos. Y que complicado resulta para los más pequeños desarrollar esos principios, si los padres no son referentes de la práctica de esos valores, en el día a día.
Educar bien es capacitar a las personas en valores, formas y modales, en destrezas emocionales que ayuden a desarrollar su potencial, que enseñe lo que no se debe hacer antes de que ocurra, que lleven a anticipar las consecuencias de un comportamiento que pudiera ignorar limites o normas establecidas.
La educación es la manifestación más clara de un vínculo cuya base es el amor. Para los padres supone empeño, dedicación y renuncias; para los hijos empatía, esfuerzo y gratitud. Las exigencias de los padres se convierten en retos y desafíos para los hijos cuando la relación entre ambos se cimenta en el sentimiento de querer e importar.
Tener personas educadas a nuestro alrededor es una bendición. Todos alguna vez hemos experimentado lo incómodo que resulta tener personas maleducadas en nuestro entorno, personas acostumbradas hacer lo que quieren sin tener ninguna consideración hacia los demás. Personas en poder de la verdad que se creen el ombligo del mundo, que exigen y nunca agradecen, que no prestan la atención que deberían cuando otro habla o le necesita, porque viven por y para ellos y no valoran el esfuerzo ajeno, la solidaridad o la lealtad. Que no saben decir un te quiero o dar las gracias porque otros no les han enseñado.
La educación no depende del nivel social, cultural o económico, resulta de la capacidad de las personas para crear ambientes sanos y entornos mentalmente saludables. La mala educación va ligado a egoísmo y a ser egoísta se aprende, se inspira, se inocula.
Ser educados no es una opción es una obligación. Es lo que viste de habilidad y destreza a nuestra personalidad para conseguir nuestros propósitos. Es lo que ayuda a crear una sociedad más comprometida y responsable y lo que inspira a transformar un mundo donde se respete la igualdad.


