Leer una frase en la que se decía lo que es, debe ser en esencia el matrimonio “Te casas y trabajas en equipo para que suceda lo mejor, no para ver qué pasa” fue lo que me impulso a escribir, poner en valor un estado civil de rabiosa actualidad por las muchas separaciones que tienen lugar en los tiempos que vivimos…
Ese estado donde el amor se ve sellado mediante un intercambio de promesas en el altar frente al Santísimo para los católicos y para los que no lo son en el juzgado… “Yo te quiero a ti, como esposa/o y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y penas, en la salud y la enfermedad todos los días de mi vida”…
Ese estado que nos incita a recitar estas palabras tan bellas, fáciles de decir, pero muchas veces difíciles de mantener y cumplir. Difíciles por su complejidad, poner a prueba los valores que sobresalen en el buen hacer, actuar en conformidad con lo que la conciencia considera que está bien o mal. Principios, convicciones, creencias, ideales educacionales generadores de confianza como la lealtad, el compromiso o la integridad, el respeto o la tolerancia, el esfuerzo personal para empatizar, entender al otro y hacer su deseo un poco nuestro… Valores necesarios para conseguir materializar un futuro ilusionante y prometedor donde las ambiciones del Yo en cuanto a metas y objetivos pasen a ser las ambiciones del Nosotros. Donde los sueños y deseos tengan dos protagonistas. Donde se asuma y entienda que trabajar en equipo no siempre es fácil, que las crisis existen y son más frecuentes de lo que se considera normal.
Sí, queridos amigos el matrimonio es ese popurrí de palabras, mezcla de principios que me atrevo a mencionar desde el conocimiento, la experiencia profesional después de escuchar a muchos matrimonios en terapia y, por supuesto, desde la vivencia de muchos años casada.
Un estado que defiendo por mi condición de católica, por ser la institución natural disciplinada y consagrada en el estado social y desde el punto de vista católico como unión legitima, alianza por la cual las personas se unen libremente para toda la vida con el fin de quererse, ayudarse, procrear y educar a sus hijos.
Un estado causa de admiración por su competencia para mantenerse y no desaparecer frente a modas, nuevas costumbres, hábitos de la sociedad actual cuando cada vez son más las personas que optan por vivir juntas y no casarse.
Un pacto que perdura por la suficiencia para recurrir en momentos de dudas, tentaciones por deseos caprichosos y pasajeros, al recuerdo de las manifestaciones de ternura y comprensión, palabras, gestos de cariño en otros muchos momentos. Una promesa que se mantiene en el tiempo por entender que el amor no solo es un camino de rosas, también de desafíos. Decisiones, situaciones complicadas donde la voluntad de comunicación, escucha activa, entendimiento y colaboración de sentimientos, necesidades y expectativas son de vital importancia para sobrellevar la sensación subjetiva relativa a un bienestar mermado, un malestar emocional fruto de la desconfianza, rutina y aburrimiento, excesos, entrometimientos o falta de tiempo, grandes enemigos de este.
Circunstancias especiales donde la escucha activa es necesaria para conciliar y llegar acuerdos, motivar y establecer límites, proteger la autonomía de cada miembro de la pareja, respetando el espacio y los tiempos sin intromisiones ni obligaciones. Para crear la admiración suficiente capaz de fortalecer la paciencia, flexibilidad o compasión para respetar hábitos molestos e intereses propios.
En definitiva, mis palabras son reflejo de lo que yo creo y siento: que el amor no es solo una elección, también actitud y comportamiento para crear una identidad compartida, para alentar al otro a seguir en nuestro camino sin desfallecer capeando el temporal en situaciones de crisis, inseguridad e incertidumbre, para perseverar en la unión, entrega y dedicación porque le compensa ser parte de ese presente, futuro común.


