Gestión emocional: coraje irresponsablesPor: Doctora Elsa Martí Barceló

Queridos lectores, la falta de conciencia social de algunos agota nuestra paciencia. Los médicos estamos perdiendo la capacidad de soportar esta situación sin alterarnos. Son semanas duras. Las cifras de contagiados aumentan, los ingresos se disparan y la muerte visita a familias de nuestro entorno.

Es difícil para nosotros, los médicos, a pesar de contar con más medios y estar mejor preparados, recibir esta información con fortaleza y temple, sin alterarnos o lamentarnos. Sin denunciar una vez más la falta de responsabilidad, colaboración y ayuda, todavía hoy, de algunos en esta pandemia.

En mi caso ver imágenes de jóvenes en los alrededores de las discotecas bebiendo y bailando sin mascarilla me indigna y me sobrepasa, explico por qué. En los últimos días he perdido a dos pacientes entrañables y significativos de forma injusta y ayer recibía con consternación la triste noticia del ingreso hospitalario por neumonía bilateral de una amiga, mujer sana de 50 años, vital, alegre, deportista, madre de tres hijos, dos de ellos discapacitados. Sentimientos de indignación, frustración e impotencia se mezclan en mi cabeza intentando buscar la explicación de cómo a pesar de lo que estamos viviendo, algunos todavía tienen ganas de fiesta y diversión.

Los medios de comunicación, tan audaces e incluso invasores en ocasiones, quizá por intereses o consignas políticas no trasladan las imágenes de lo que verdaderamente está ocurriendo y ello lejos de protegernos hace que no se perciba la realidad de lo que estamos viviendo. Recuerdo las escasas imágenes, comparadas con la exposición habida en otros países, de los féretros en el palacio de hielo.

Los egoístas e irresponsables en esta pandemia deberían conocer con profundidad y detalle las situaciones tan desgarradoras que están viviendo los enfermos, en sus casas o en los hospitales, y sus familias amén de los médicos. Deberían <<ver más que escuchar>> porque como bien dice el adagio <<una imagen vale más que mil palabras>>.

Los médicos no necesitamos ser protagonistas de fotos de portada porque no somos héroes, personas que se distinguen por haber realizado una hazaña extraordinaria; nosotros somos personas normales y corrientes, vocacionales, trabajadores responsables a la hora de cumplir con las obligaciones que lleva implícito nuestro profesión, cuidar, velar por la salud de nuestros pacientes. Personas valientes y fuertes porque durante años nos hemos entrenado para soportar situaciones como la que estamos viviendo.

Personas con un fuerte sentido del deber a las que el valor del coraje nos determina y condiciona. Determina por ser intrínseco en nuestra profesión y nos condiciona porque nos transforma, ya que sin él no podríamos superar las múltiples situaciones a las que nos enfrentamos en nuestro hacer cotidiano ni sobrellevar los sentimientos de frustración, impotencia o desesperanza que genera el dolor o el sufrimiento que habita en nuestro entorno.

El coraje es la fuerza interior que nos incita a tomar las riendas, acometer acciones cuando nuestra profesión se pone difícil, cuando la incertidumbre, miedo o confusión exige soluciones o alternativas sin dudar ni demorar. El coraje es lo que nos apasiona para crecernos frente la dificultad o los obstáculos que expone el ejercicio de nuestra profesión, lo que nos invita a luchar y a pelear para superar nuestros miedos, vencer las dudas, la desconfianza o la falta de esperanza.

El coraje para nosotros es instinto de supervivencia, una necesidad vital para seguir adelante y sembrar el bien. Una cualidad humana definida como la fuerza de voluntad que puede desarrollar una persona para superar impedimentos sin miedo al fracaso.

Así pues, mi máximo reconocimiento al colectivo sanitario por su entrega y coraje, y también a los verdaderos héroes de esta pandemia que son los que han experimentado en primera persona la enfermedad o la muerte, pacientes con COVID y sus familias. Ellos sí que son protagonistas, ellos son ejemplo de lucha, resistencia y tenacidad. Referentes por su manera de comportarse en el aislamiento, la soledad, el silencio o las penumbras. Personas importantes porque han tenido valor para entender y enfrentar la adversidad.