DRA. ELSA MARTÍ BARCELÓ

la-mentiraRecientemente en consulta una joven intentaba justificar por qué mentía. La conversación que mantuve con ella fue lo que me lleva hoy a escribir sobre la mentira, ese fenómeno universal que todos padecemos, sufrimos y que en algún momento nos arrolla y envuelve, y que tanto afecta por sus consecuencias negativas de daño, soledad y culpa.

La RAE define la mentira como expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente. Y a su antónimo, la verdad, como conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa.

La mentira es consustancial de la condición humana, quizá y aunque no se pueda afirmar con certeza también lo es de muchas otras especies, aunque en ellas hablemos de engaño.

Nadie está libre de padecerla. Todos somos víctimas de ella, por una u otra causa. Con una finalidad u otra.

Un fenómeno necesario de reconocer, desenmascarar y aceptar para disfrutar de esa paz que tanto anhelamos, necesitamos y que sin duda trata de robarnos.  Descubrir cómo la mentira no es la solución al miedo, la pena o la vergüenza, cómo altera la convivencia, la falta de transparencia y honestidad de nuestras acciones y comunicaciones, la relación con uno mismo y con los demás, tergiversando los sentimientos, las experiencias, la quietud de alma y espíritu, lo que uno es en realidad es lo que libera a la persona de estar afectado, perjudicado de su poder destructor.

Es necesario entender cómo mentir es una decisión consciente, salvo excepciones como la mitomanía, compulsión a mentir sin poder evitarlo; mentir no es algo que se haga de forma inconsciente o poco reflexiva. Detrás de cada mentira hay siempre una intención, un engaño deliberado, ejecutado con pleno conocimiento, movido por lo que cada uno siente que necesita en cada momento.

Mentir es un acto egoísta. Un mecanismo de defensa y protección mediante el cual compensar la falta o déficit de autoestima, la inseguridad personal, la necesidad de aprobación, valía y reconocimiento encargado de engrandecer el Yo. El instrumento que utilizamos para disculpar la conducta, que de forma equivocada protege de recibir un castigo o experimentar culpa.

Justificar la mentira por su intención o contexto es un grave error. La mentira, a pesar muchas veces de su noble intención, evitar el daño, conflicto o sufrimiento, es indefendible e imperdonable, implica elegir, decidir por otros y esto queridos amigos y pacientes es inadmisible; es coartar la libertad, faltar el respeto a los demás. No nos engañemos, no nos escudemos en que son mentiras piadosas o menores, por buenas que sean sus intenciones, porque mentir siempre se nos va a volver en contra. Engañar trae consigo pérdida de confianza en nosotros, pero también en los demás. “El mentiroso ve en los demás a otros mentirosos.” No nos autoengañemos con mentiras consentidas.

Una introspección sincera y profunda donde de forma valiente se reconozca la intolerancia al malestar emocional, la falta de habilidades sociales para aceptar la impulsividad, desconfianza o baja autoestima. Una reflexión que deje constancia de cómo la mentira es el mecanismo utilizado para deformar, inventar la realidad para obtener beneficios inmerecidos, admiración ajena, compensar lo que no eres o no tienes es mi consejo para erradicar esta conducta dañina y peligrosa que trata de manipular los sentimientos de las personas.

Asimilar en el código de conducta su carácter doloso o culposo es lo que ayuda a discernir por medio del intelecto de que mentir no es el comportamiento eficaz ni correcto para enfrentar un problema, una duda, una disconformidad o un desacuerdo.

“La mentira gana bazas, pero la verdad gana el juego” (Sócrates)