“Salud Mental y bienestar, una prioridad global” es el lema elegido para conmemorar el 10 de octubre, Día Mundial de Salud Mental, iniciativa impulsada por la Federación Mundial para la Salud Mental con el apoyo de la OMS, Organización Mundial de Salud.
En mi reciente visita a los platós de “Medicina TV”, he tenido oportunidad de poner mi granito de arena a tan noble causa, argumentando el papel notorio y relevante que tienen, tenemos, los médicos en la prevención, diagnóstico y tratamiento de los trastornos/ enfermedades mentales, en el bienestar físico, social y emocional de nuestros pacientes.
El hecho constatado y confirmado es que la depresión, junto con la ansiedad y trastornos de adaptación suponen aproximadamente el 20% de las consultas de Atención Primaria. Por ello, el papel relevante que tiene y juega el médico de Atención Primaria en la detección de trastornos/ enfermedades mentales al ser una de las primeras personas a las que acude el paciente, después de sus familiares o a veces incluso antes, cuando se “siente mal” o “no entiende lo que le está pasando”.
La consulta de atención primaria es el escenario recomendado para detectar, tratar, abordar las enfermedades mentales por ser el lugar más apto, conveniente y competente donde las personas encuentran respuesta para satisfacer la existente necesidad de tener/encontrar el bienestar físico y mental. El marco donde el paciente se siente único y especial, así como protegido, porque sabe que se le oye, escucha, entiende, comprende y ayuda.
Prestamos atención a lo que ellos nos comunican de forma verbal y no verbal, sin prisa, sin interrupciones, porque es lo que nos clarifica lo que están pensando y sintiendo en esos momentos. Tras escucharles, se les da información sobre lo que les está sucediendo, explicando de forma clara y sencilla que la depresión, la ansiedad o trastornos de adaptación son enfermedades “curables y tratables”, y que con el simple hecho de haber acudido a consulta está abriendo la puerta a un tratamiento al reconocer que están enfermos y que necesitan ayuda porque es lo que necesitan oír, escuchar de nuestra parte.
Los médicos somos conscientes del papel que tenemos en el éxito del tratamiento del paciente aquejado por trastornos mentales, así como en la incorporación de este a un ritmo de vida normal y satisfactorio. Somos negociadores de esperanzas, porque sabemos que ello favorece la adherencia al tratamiento.
Quiero poner también en valor la coordinación y colaboración que existe entre Atención Primaria y la especializada, ya sea la proveniente de especialidades como la mía, Psicoterapia-Psicoanalítica, o la Psiquiatría. Es importante estar respaldados por las Unidades de Salud Mental ante episodios prolongados por tratamientos fallidos, por falta de consciencia y/o abuso de tóxicos concomitante al tratamiento o cuando nos vemos inmersos en cuadros donde el paciente pierde contacto con la realidad, con riesgo de suicidio o autolesión, o presenta conductas agresivas hacia los demás que obliguen a hacer ingreso en contra de su voluntad.
Desestigmatizar los trastornos/enfermedades mentales rompiendo tabúes, mitos y reconociendo realidades está al alcance de todos. Para ello, dar a conocer que el trastorno mental no es un padecimiento que afecte a “pocas, sino a muchas personas”, que es una enfermedad como otra cualquiera, que el paciente no busca y sí encuentra. Clarificando que no es debido a una “falta de voluntad” y, por supuesto, poniendo de relevancia el sufrimiento que genera en la persona al ser percibido como un signo de debilidad. Hacer hincapié en que todos, en algún momento de nuestra vida, en un momento u otro, hacemos balance de existencia, reflexionamos sobre lo que somos y no somos, sobre lo que no hacemos y nos hubiese gustado hacer, sobre el tipo de vida que llevamos y si esta cubre nuestras necesidades, y sobre si somos felices. Estos pensamientos, mal gestionados, pueden inducirnos a trastornos pasajeros de salud mental.


