Escribo este artículo el Día Internacional de la Radio, efemérides de la que acabo de enterarme oyendo, justamente, la radio. Lamento mi ignorancia, pero he de decir, en mi descargo, que mi memoria no da para recordar los más de trescientos Días Internacionales de cualquier cosa que se acumulan sobre nosotros. Algunos absurdos, otros que son auténticas efemérides, y otros realmente importantes para llamar nuestra atención y hacernos recapacitar sobre algo que convive con nosotros y nos empuja hacia adelante, a ser mejores, a colaborar con el resto de la humanidad para avanzar hacia un mundo más justo e igual para todos.

Hoy deberíamos dedicar al menos unos instantes a reflexionar sobre la radio. ¿Qué es la radio? ¿Un instrumento, una herramienta? En su momento fue un descubrimiento técnico que hizo alcanzar, en no demasiado tiempo, uno de los deseos e intentos más necesarios para la humanidad, al posibilitar la comunicación instantánea entre pueblos antes unidos solamente por el correo y sus eternos (para nosotros, ahora) plazos. En no demasiado tiempo su extensión en el mundo civilizado fue muy rápida. Naturalmente usado por los estados en primer lugar como herramienta de conexión militar, inmediatamente como apoyo de los grandes viajes marítimos, como ayuda y auxilio para la naciente aviación.

…Todos ustedes conocen, fundamentalmente por el cine, la llamada de socorro de los aviones con problemas en un vuelo: “May day, may day”. Lo que es posible que no conozcan es la llamada auténtica, la original: “m`aidez, m`aidez”. En francés. “Ayúdenme” Posiblemente serían las últimas palabras de Antoine de Saint- Exupéry antes de caer al mar, que el Principito, ya en el asteroide B-612, no pudo oír porque la radio es un invento humano y en su asteroide no se oía.
Y aparecieron las emisoras de radio comercial, propiciadas por las editoras de prensa., con lo que las noticias, la música y sobre todo las novelas, ese maravilloso hallazgo, llenaron nuestras casas y nuestro tiempo libre. La calidad del sonido era mediocre, pero conseguía llenar el silencio de la habitación de estar, con su mesa camilla y su brasero, los niños con los deberes y las mujeres cosiendo o bordando. La radio, de tamaño bastante grande, ocupaba un lugar privilegiado delante de una pared, y cuando era la hora se encendía, y todos pendientes.
A finales de los años cincuenta apareció la Televisión, que las emisoras de radio temieron que fuera su final. Naturalmente no fue así, salvo que el televisor, mucho más grande que el aparato de radio, ocupó el lugar privilegiado en la habitación de estar, hoy salón .. La aparición del transistor, pequeño y trasladable a cualquier sitio, la frecuencia modulada y la multitud de emisoras, los pequeñísimos auriculares, la incorporación al coche, del que forma parte inseparable, han hecho que la radio sea fundamental en nuestra vida.
Y acaba de aparecer otro desafío. El teléfono inteligente, el smartphone, al que bautizamos móvil cuando realmente era solo un teléfono móvil. De tremenda utilidad, porque solucionaba el problema de aislamiento al que individualmente nos habíamos visto sujetos desde el principio de la humanidad. En menos de una generación este aparato, esta privilegiada herramienta, ha evolucionado hasta sumergirnos en la “nube” en la que estamos inmersos. Y en cuanto a la radio, ahora la podemos llevar con nosotros siempre, conectados, con las manos libres para poder realizar cualquier trabajo o afición que nos ocupe.
Pero como todo nuevo instrumento, el smartphone tiene sus peligros. Debemos tener cuidado con su influencia sobre la generación que está empezando su vida, y procurar que sean conscientes de la importancia que la radio seguirá teniendo en ese viaje a través del tiempo que tienen por delante.

JULIO PAREJA