jornada-mundial-juventudDRA. ELSA MARTÍ BARCELÓ

“Nosotros no queremos convertir a los jóvenes a Cristo ni a la Iglesia Católica… Nunca los papas hicieron una invitación para los jóvenes católicos (a la JMJ), siempre fueron invitaciones a los jóvenes de todo el mundo… Es muy importante que los jóvenes que vienen a Lisboa conozcan a otros jóvenes de África, Asia, América, ricos, pobres, católicos, no católicos, con religión sin religión, con fe y sin fe, y comprender primero que esta diversidad, cualquiera que sea, es una riqueza. Y después conocerse y darse a conocer. De ahí en adelante que se cuiden, que se amen, que tengan el gusto de estar juntos…” (Mons. Américo Aguiar, obispo auxiliar, refiriéndose a la Jornada Mundial de la Juventud).

Muchos de nosotros crecimos con la idea de que hablar públicamente de religión era inapropiado y signo de mala educación… Personas significativas de nuestra infancia, padres, abuelos, principales cuidadores nos adoctrinaron para relegar los temas concernientes a la religión a la esfera privada con el fin de que nuestras opiniones o juicios no fuesen fuente de conflicto, problemas  o confrontamientos… Pasados los años, y ante titulares como el arriba mencionado, me doy cuenta de la necesidad existente de hablar alto y claro y de expresar lo que pienso y confrontar con aquellas personas que quizá, procesando el mismo Credo, interpretan de forma distinta la razón y causa de la JMJ.

Me revelo, traiciono las enseñanzas recibidas excluyendo la generalidad o la regla común de lo que se considera buena educación, por estar plenamente convencida de que la libertad empieza cuando compartimos ideas y defendemos posturas mediante conocimientos fundamentados, construidos por la razón.

Quiero hacer una reflexión sobre las polémicas palabras reseñadas en el encabezamiento de este artículo, lo que sentí cuando leí esas declaraciones. El sentimiento de frustración y decepción que me invadió al descubrir el significado que un sacerdote, y no un sacerdote cualquiera, obispo auxiliar, futuro cardenal del Papa Francisco, le daba a la JMJ. El sentimiento de culpa que experimenté por faltar al respeto y poner en duda y entredicho una figura intocable, inimaginable de cuestionar por la cultura familiar en que nací y me eduqué. El sentimiento de temor y preocupación que me embargó por la repercusión del significado de sus palabras para jóvenes poco formados que pueden malinterpretar el significado de la JMJ.

No lo puedo negar. Para mí han sido palabras poco acertadas. Siento que sea así, pero a mi juicio, opinión, parecer y entender estas declaraciones están fuera de lugar y contexto. No puedo entender que Mons. Américo diga que la JMJ es para que “los jóvenes caminen de la mano, respetando su diversidad”, ello supondría cambiar la naturaleza de este acto. Las Jornadas Mundiales de la Juventud fueron instituidas por el Papa San Juan Pablo II en 1985 con el objetivo que todos “los jóvenes tengan un encuentro personal con Cristo”.  El 19 de agosto del año 2000, en la JMJ de Roma en el año del gran jubileo, El Papa San Juan Pablo II llamó a los jóvenes, “centinelas de la mañana” y les recordó que “diciendo sí a Cristo, decís si a todos vuestros más nobles ideales”.

No nos engañemos, no hace falta una JMJ para que los jóvenes compartan lo que piensan, sientan o expliquen cómo organizan su vida… Esto lo pueden hacer de forma más fácil y cómoda en otros foros más indicados. La JMJ no está para hablar de diversidad, pobreza o riqueza u otras religiones; está para hablar de Cristo, para evangelizar a los más jóvenes, para dar conocer las enseñanzas del líder más grande que hemos tenido, para incitar a los jóvenes a reflexionar, racionalizar, adquirir, compartir la fe a través del conocimiento y la experiencia. Para entender por qué Nuestro Señor es importante para tener una vida ordenada, plena y satisfecha.