En las noticias televisivas del 17 de julio escuchamos que el escritor y académico Arturo Pérez Reverte adelantó que el Pleno de la Real Academia Española había propuesto y aprobado un pasmoso cambio: el tiempo verbal “Iros” como imperativo del verbo “ir”, quedaría aceptado a partir del próximo otoño. Si usted apuesta por lo correcto, podrá seguir diciendo “Idos”, pero si prefiere “Iros” (según dictamen de la sabiduría del habla popular), ni el más pintado tendrá derecho a echárselo en cara.
Pero lo más chocante fue escuchar en las noticias del día siguiente las declaraciones de Salvador Gutiérrez, director del departamento Español al día de la Real Academia, en las que afirmaba en una entrevista que “son los hablantes, como dueños del idioma, los que tienen la misión de regular las normas de la lengua”. De ahí que podamos decir ya “almóndiga”, “cocreta”, “asín”, “culamen”, “otubre”, “toballa” u otros muchos vulgarismos aprobados, sin miedo a incurrir en disparates. El entrevistador señalaba su impresión de que la RAE se deja llevar por cierta relajación y “se rinde al error popular en lugar de custodiar el idioma”.
Pero demos un paso más. Según el escritor y periodista español Álex Grijelmo (Doctor en Periodismo por la Universidad Complutense), la lengua propia de los políticos ha aportado en los últimos años un nuevo caso de amaneramiento con visos de elegancia que deriva en uso deplorable: “poner en valor”. Nada se elogia, se destaca o se resalta. A nada se le da relevancia o realce, y nada se aprecia o se estima. Lo que mola es ponerlo en valor.
La expresión se ha extendido con tanta afición, que suelen sucumbir a ella lo mismo el ministro que los periodistas. Si alguien quiere sentirse “de actualidad”, debe decir cada dos o tres frases que pone algo en valor.
Pero no son estos los únicos despropósitos con que solemos toparnos.
Hemos leído en el boletín de actividades del ayuntamiento de Torrelodones con motivo de las Fiestas Patronales de la Virgen del Carmen en la Colonia, el siguiente anuncio:
“Espectáculo de Fuegos Artificiales con original comienzo de triples silbatos y descargas de colores a varias alturas con arrebato de truenos. Dicho espectáculo continuará con varios pases de conjuntos de efectos luminosos y sonoros los cuales serán rematados con sus descargas correspondientes. Durante el desarrollo del espectáculo se disparará un bombardeo de trueno acompañado de color, sirenas y roncadoras. También veremos tandas de carcasas individuales de gran calibre y expansión. Seguiremos con conjuntos de fachadas hasta llegar a las famosas Palmeras las cuales preceden al conjunto de Sauces y Kamuros (Fuente de Versalles) para finalizar con un grandioso final multicolor acompañado de efectos sonoros y un maravilloso cierre digitalizado. El tercer conjunto del espectáculo, que dará comienzo a los 45”, estará formado por Carcasas de Dalias de color Azul y Amarillo explotando encima de una fachada compuesta por Volcanes Amarillos con puntas de Crosetes Azules. Este conjunto hace homenaje a los colores de la Bandera de TORRELODONES.”
Hemos transcrito el texto tal como fue publicado y hemos obviado la corrección formal y estilística que pide a gritos.
Esta descripción rocambolesca de lo que desde siempre hemos entendido todos, sin más, como “fuegos artificiales”, hace pensar que si llamarlos, por ejemplo, “exhibición pirotécnica” habría sido ya bastante rebuscado, redactar su programación con tal profusión de detalles resulta de un barroquismo llevado al rococó. ¿A alguno de ustedes le ha animado esta completísima información a concurrir a ver los fuegos?

