La zona de interésLUIS POMED SÁNCHEZ

La expresión zona de interés (Interessengebiet en el original alemán) hacía referencia a un área —de aproximadamente cuarenta kilómetros cuadrados de extensión— reservada por las SS (Schutzstaffel, o escuadras de protección) para la construcción del complejo de campos de concentración y exterminio de Auschwitz. Se trataba de una zona de acceso restringido para los grupos de población distintos de víctimas o verdugos, pero donde desarrollaron su vida familiar cotidiana algunos de estos últimos. En esos cuarenta kilómetros cuadrados el ser humano alcanzó la sima de su miseria moral y creó el infierno.

Justamente a la narración de un episodio menor en la vida del más significado de esos verdugos, el comandante del campo Rudolf Höss, se dedica la película dirigida por el británico Jonathan Glazer. Película que ha obtenido, entre otros muchos galardones, el Óscar a la mejor película internacional, otrora denominado Óscar a la mejor película en lengua extranjera; es decir, no inglesa. Marginalmente, cabe preguntarse si el cambio de denominación responde a un retorno al aislacionismo americano o al triunfo definitivo del provincianismo acérrimo.

La zona de interés es un ensayo cinematográfico sobre la banalidad del mal que combina tres elementos. Por un lado, la película “documenta” la vida diaria de la familia de Höss; lo hace como si de la filmación de un reality show se tratase: utilizando cámaras estáticas (parece ser que alguna incluso oculta para que los actores no tuvieran conocimiento de su ubicación y su actuación resultara más natural) y planos generales. Por otro lado, narra el desasosiego que el matrimonio Höss siente ante la posibilidad de un cambio de destino: perderían todo aquello que con tanto esfuerzo y sensibilidad habrían creado en ese espacio germanizado junto a las tapias del campo. Finalmente, el director abre una pequeña puerta a la esperanza mediante la filmación, con una cámara térmica, de los movimientos de una niña polaca que en la noche depositaba manzanas para que sirvieran de alimento a los prisioneros, judíos en su inmensa mayoría y condenados a morir por el solo hecho de serlo.

Estamos ante una película inquietante desde el largo comienzo con fundido en negro y hasta la escena final donde Höss logra evitar que un mínimo destello de humanidad salga de su cuerpo. La obra huye de toda teatralidad y arriesga al convertir en personajes principales a unos individuos con quienes toda empatía es imposible o perversa. A este respecto, es de justicia destacar el extraordinario trabajo de Christian Friedel como Rudolf Höss y de Sandra Hüller como su esposa Hedwig. Su sobriedad y contención corre pareja a su capacidad para generarnos un profundo malestar moral. Con su representación nos invitan a preguntarnos hasta qué punto nosotros mismos hubiéramos actuado de otro modo. Si hubiéramos satisfecho la más elemental exigencia de humanidad, o hubiésemos preferido disfrutar de las ventajas del momento que nos daba una posición dominante: carpe diem.

Mención aparte merece la capacidad del director al sugerir el horror absoluto: los penachos de humo negro que se elevan al cielo desde unos crematorios que nunca vemos pero que sentimos próximos; el humo blanco que actúa como sinécdoque de los “transportes” de nuevas víctimas, los disparos que se oyen en lontananza… y a cuyo sonido llegamos a acostumbrarnos. Nada digamos de la magnífica expresión de la ausencia absoluta de conciencia de un comandante que, cuando no viste de uniforme, gusta de lucir un blanco inmaculado, o de una esposa que cultiva con esmero la horticultura más delicada, entre cenizas y ecos lejanos de las víctimas.

En fin, La zona de interés es una adaptación libre de la magnífica novela de Martin Amis. En tanto que el novelista opta por un triángulo de personajes ficticios, Jonathan Glazer se decanta por la identificación de los criminales, negándoles cualquier atisbo del sedicente derecho al olvido. La película demuestra que la narración de una buena histórica con un esmerado lenguaje cinematográfico eleva el cine a la categoría de arte.