“La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la Ley y a los derechos de los demás, la igualdad ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de sexo, se encuentran recogidos y amparados por nuestra Constitución.”

Cada 8 de marzo, mujeres significativas de un cercano pasado, referentes en la lucha por la igualdad de derechos de la mujer, afloran en nuestra memoria y toman vida en nuestros recuerdos. Mujeres singulares y determinantes, ejemplos de honestidad e integridad, soñadoras e idealistas.

La palabra revolucionaria fue “desigualdad”, pero la intención de sus mensajes iba más allá; hacía referencia a sus inquietudes, reclamos y voluntades como persona y no solo como mujer. A través de su memoria, una y otra vez, sin descanso ni tregua, intentan mostrar al mundo de hoy, a los hombres y mujeres que habitan en él, lo verdaderamente importante: luchar por el concepto “persona”. Una concepción libre de género, donde hombres y mujeres disfruten de las mismas oportunidades, derechos y obligaciones.

Voces alzadas en el pasado a favor del principio de igualdad y de la no discriminación por razón de sexo se hacen hoy presentes con fuerza y determinación a través de una jornada abierta a la reflexión y comprensión de denuncias y reivindicaciones, pero también con el optimismo de que las cosas están cambiando. ¡Sí, somos cada vez más los que avalamos, defendemos y proclamamos el concepto persona por encima del concepto mujer u hombre! Marzo, no solo es el inicio de la primavera y el mes de las mujeres, es mucho más ¡Son días de luz y esperanza en la vida de las personas!

Próximo a celebrarse el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, es mi propósito resaltar la importancia que tiene para el bienestar y dicha de todo ser humano recibir una educación donde se cultive y fomente un amor abierto a la generosidad de sueños y deseos, el “Amor Inclusivo”.

Un amor de afectos sin fronteras, incondicional a las aspiraciones personales, familiares y profesionales de cada persona, hombre o mujer, imprescindible para dotar de felicidad sus proyectos de vida. Herencia de sabiduría emocional para nuevas generaciones donde el amor a la familia, vocación y profesión no sean amores reñidos y sí el apoyo y aliento uno del otro.

Un amor que dé licencia para entender que todos somos iguales a la hora de desear. ¡Todos queremos ser y a todos nos gusta hacer! ¡Ser no implica dejar de hacer!

Virginia Woolf con sus palabras “No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente” hace referencia al bien más preciado de las personas, la libertad interior. Un bien muchas veces ninguneado y pisoteado por falta de libertad exterior.

Por eso nunca hay que olvidar que las elecciones o decisiones de vida, no son potestad exclusiva de la condición masculina o femenina. Son el resultado de la esencia del ser que habita en las personas y de su querencia por el hacer.

Nadie está nunca preparado para ver cómo su deseo mas íntimo, amar sin condicionantes, no puede ser satisfecho. Es decepcionante ver, todavía hoy, la respuesta de algunos hombres a la hora de relacionarse con el deseo de la mujer, trabajar en aquello que les gusta y gratifica.

Educar a los hombres en empoderar a las mujeres a la hora de satisfacer sueños y necesidades es de suma relevancia. El hombre estará educado, cuando respete a sus iguales, las mujeres, y estas a estos, en el respeto a la persona…

“Yo no digo que todos sean iguales en su habilidad, carácter o motivaciones, pero sí afirmo que debieran ser iguales en su oportunidad para desarrollar el propio carácter, su motivación y sus habilidades” John F. Kennedy

¡Mujeres y hombres desde aquí os convoco a la lucha por la mejora de las condiciones inherentes a la condición de persona!