Hoy es 19 de octubre, y este artículo es “de cultura” y no de política; pero este mes, desde finales de septiembre, ha sido un período en el que todo el mundo mediático, prensa escrita y digital, radio, televisión y redes sociales en general, no ha tenido otro argumento que el denominado “proceso” catalán. Referencias al tiempo poco otoñal con temperaturas veraniegas, fotos de playas saturadas, incendios que ha sido necesario que llegaran al desastre gallego para alcanzar las primeras páginas de los periódicos (pero en segundo lugar, los grandes titulares para el problema catalán) y poco más, aparte de las muertes continuas de mujeres por violencia de género.
Hasta ahora, claro, porque parece que nuestra particular “guerra de la fronda” se acerca a su desenlace, que cuando Uds. estén leyendo este artículo no se habrá producido aún, pero posiblemente haya trascendido la lucha mediática y se haya transformado en un enfrentamiento constitucional y posiblemente grave y serio. Y escribo esto por la continua aparición de barbaridades en Twitter o a través de whatsApp, como el poema que utiliza el primer verso de la “Oda al 2 de mayo” de Bernardo López García que todos conocemos: “Oigo patria tu aflicción y escucho el triste concierto…”. Y muchos más. Da igual. Fuese y no hubo nada.
Tampoco para mí ha sido un mes muy fructífero. He de confesar que he prolongado en octubre la pereza veraniega de salir por la tarde a cualquier sitio, incluido el cine. A cambio de la lectura durante las interminables tardes casi (sin casi) veraniegas. Y los resquicios siempre vivos de la televisión, aparte de las noticias, las tertulias monotema insoportables y las eternas series americanas.
Ha comenzado una nueva temporada de “El Ministerio del Tiempo” en un estreno dilatado por motivos desconocidos, y que sigue siendo una serie fascinante, aunque han complicado el guión con la introducción de problemas actuales del propio Ministerio que hace desviar un poco la atención de su espléndido argumento principal: los disparatados viajes a siglos o a años pasados para mantener la Historia tal como fue. Como de costumbre continuamos con ese disparate de considerar la hora perfecta de comienzo las diez y media u once de la noche, para que a nadie se le ocurra irse a la cama antes de la medianoche, que es la hora sensata para cualquiera que trabaje o tenga hijos a los que llevar al colegio y se vea obligado a levantarse a las siete de la mañana. O antes. Claramente alguien opina, entre nuestros organizadores de vida televisiva, que no es bueno dormir más de seis horas.
Y en el canal #0 ha comenzado este mes la emisión de una nueva serie bajo el título “Adventum. Los Conquistadores” que les recomiendo sinceramente. Rodada con técnica de documental, con personajes históricamente reales y utilizando espacios naturales sudamericanos y los barcos construidos expresamente. Constará de ocho capítulos dedicados a nuestros descubridores y conquistadores, desde Colón hasta Magallanes. Aparecerán en las Redes Sociales los exagerados discursos en general faltos de conocimiento sobre la Historia con mayúscula y la pequeña historia, la que nos cuenta cómo eran los habitantes de las islas descubiertas y cómo eran los españoles de la época, los que fueron en las primeras expediciones.
He esperado el tiempo límite para cerrar este artículo, pero nuestra “guerra de la fronda” particular sigue complicándose cada día sin un final predecible. Recurriré a Cervantes:
“Esto oyó un valentón y dijo:”¡Es cierto/ lo que dice voacé, seor soldado,/y quien dijere lo contrario miente”/ Y luego encontinente/ caló el chapeo, requirió la espada,/ miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.”

