La convocatoria de Elecciones Generales anticipadas para el 28 de abril ha supuesto una inmersión en campañas electorales (pre-campañas primero) que nos van a durar tres meses. Será algo parecido a cuando en la Tele te dicen que la temperatura será de un grado, pero la sensación térmica de diez grados bajo cero. Y nuestra “sensación… política”, este año, va a devorar nuestra primavera. Bueno, la primavera meteorológica se ha comido el invierno, y veremos que sucede más adelante. Porque la campaña electoral no va traernos la lluvia que tanto necesitamos. Tal vez alguna que otra tormenta, y más de un vendaval que no afectará a nuestro medio ambiente, aunque sí a nuestro medio vital. Al que ocupa nuestro tiempo libre, durante el que seguimos, entre otras actividades, la prensa, escrita (cada vez menos) o digital, la televisión y sus tertulias, la radio no musical y sus continuas noticias de última hora entre anuncio y anuncio.
Llevamos años, muchos, inmersos en la cuestión catalana y en la falta de respuestas adecuadas por parte del Estado y sus sucesivos gobiernos: dontancredismo, pantallas para disimular asuntos propios más o menos graves, ocultación de corrupción, etc. Hasta que en 2017 se produjo el estallido. Mal respondido, con apresuramiento y falta de estudio serio por parte del gobierno y de la oposición y con divisiones dentro de los dos nuevos partidos que habían constituido para todos nosotros la esperanza del final del trasnochado bipartidismo y el principio de un sistema democrático más acorde con el tiempo en que nos hallamos. Y desde entonces la cuestión catalana nos ha atropellado en toda España, hasta llegar a causar un hartazgo sin límites que me hace a veces pensar que un referéndum a nivel nacional daría la victoria a los independentistas para que el resto de nuestro país funcionara de manera adecuada, con un Gobierno y unas Cortes dedicadas a solucionar los problemas reales que tenemos, que son bastantes.
He comenzado a escribir de política, y como de costumbre, me he pasado un poco de espacio, que en un artículo es siempre limitado. Aunque sea uno de los asuntos que forman una parte, y muy importante, de nuestro mundo cultural. Y quiero seguir insistiendo como siempre en que debe formar parte de nuestra educación. No de la nuestra personal, que en algunos casos nos ha faltado, sobre todo en generaciones como la mía. Pero debemos seguir luchando porque nuestros hijos y nuestros nietos incorporen a sus mentes una forma de vida acorde con el mundo en el que van a vivir. Y no hablo solo de los smartphones o de las tabletas. Tenemos que inculcarles que son solo herramientas, pero que su manejo depende de su inteligencia y de su formación.
No he querido escribir ni una línea sobre política municipal, la que más directamente nos afecta y que después de Mayo marcará el futuro de nuestro pueblo y de nuestra forma diaria de vida. Es pronto. Solo hay rumores de nombres, de cabezas y composición de listas, de partidos o agrupaciones electorales… trufados con los problemas de la alcaldía.
A cambio, o como compensación, en el ámbito cultural el funcionamiento es bueno: los cursos para mayores organizados por la THAM y el Ayuntamiento, los del centro de La Berzosa, los de Teatro para alumnos del Colegio y el Instituto y, naturalmente, la programación cultural de Las Cigüeñas, inmejorable este año. Quiero resaltar el concierto de Fado Tango, que se ofreció el día 16 de febrero, y que nos hizo sentir a todos los asistentes más cercanos que nunca a nuestro vecino, a Portugal y a su música, también un poco nuestra.

