Dra. Elsa Martí Barceló

Propósito para 2026Evitar ser víctima de un mundo que tiende a desplazarnos a esa realidad donde la frustración impera, haciéndonos sentir fuera de lugar por el gobierno de un pensar exigente, rígido en cuanto a la inmediatez de actuar, necesidad de responder sin demora a la constante demanda de rendimiento en todos los ámbitos de vida es mi propuesta con intención de ayudar de cara al nuevo año que entra.

Un propósito a cumplir para mejorar el bienestar mental, hacer frente a los pensamientos causantes de lo que yo considero son caldo de cultivo del displacer. Estados emocionales de fracaso e insatisfacción provocados por una “dañina forma de pensar “para la persona. Dañina por ser causa de reacciones desproporcionadas de enfado, disgusto, pena o desagrado ante expectativas, ambiciones, deseos no cumplidos. Reacciones todas ellas poco edificantes para la autoaceptación y resiliencia, el crecimiento, la mejora y la resolución de problemas, para asimilar las dificultades como retos superables o para luchar contra la percepción de “incompetencia” o “no ser capaz”, pues según “pensamos, sentimos y según sentimos, actuamos”.

Sí, queridos lectores, estoy haciendo referencia a la práctica común de lo que todos en algún momento hacemos para la eludir la responsabilidad de acciones y decisiones aun sabiendo que no es lo correcto ni aconsejado para tener una vida más plena, sin dificultades, problemas o conflictos.

Lo que, bajo una buena reflexión, evitaría las consecuencias negativas de un “hacer incorrecto”, comportamientos inadecuados para el desarrollo, evolución de la persona.  Conductas problemáticas por el poder e influencia de una forma de ver, interpretar la realidad de forma distorsionada, bajo el convencimiento absoluto de lo que se debe evitar por considerar puede ser un peligro para la autoestima y autoconcepto.

En el caso que nos ocupa, el hábito o costumbre de procrastinar o precrastinar. Aplazar, posponer decisiones o tareas importantes a pesar de conocer las consecuencias negativas que para el bienestar mental tiene el eludirlas: la ansiedad, el miedo o hastío que provocan en el caso de procrastinar o las que se originan cuando de forma precipitada, con intención de maximizar la valía, hacemos sin reflexión alguna. Cuando actuamos con rapidez para demostrar lo eficaces, resolutivos que somos sin apenas tiempo para pensar en los errores, falta de eficiencia a la que nos lleva esta forma de proceder, caracterizada por la “baja tolerancia a la espera”, lo que hoy se conoce bajo el término de precrastinar.

Dos comportamientos desfavorables para el “bienestar de la autoestima”, autovaloración, autoaceptación y autoconfianza de la persona. Desfavorables e inapropiados por la búsqueda constante de la gratificación inmediata, acciones más placenteras mediante la evasión o precipitación para evitar sentimientos de temor, fracaso o incomodidad sin medir las consecuencias que ello entraña.

Una estrategia psicológica poco recomendable por perjudicar más que beneficiar el estado emocional de las personas, ser causa de sentimientos de culpa o inadecuación por un perfeccionismo mal entendido, el que busca la inalcanzable perfección por miedo al fracaso o a la autocrítica más que por la excelencia.

Evitar que estas conductas se conviertan en una característica común de nuestro comportamiento es el objetivo que planteo para preservar la salud mental de cara al 2026.

Un atributo negativo contra el que hay luchar por boicotear el deseo legítimo de ser más productivo, organizado y competente para las tareas que tenemos intención de realizar. Por inocular en nosotros la pereza, el miedo o la vergüenza, la inseguridad, malestar o exigencia ante lo que abruma y desborda o es difícil de enfrentar.

Sé inteligente, trátate con compasión, observa tu forma de actuar para entender y comprender las razones de por qué tiendes a alimentar este comportamiento que te roba la paz y te provoca infelicidad. Descubre qué necesidad se esconde detrás de este pensar, conducta carente de sensatez.