“Personas que miran de forma bonita” es lo que Mercedes, me dice, desea tener en su vida…
Bajo la mirada de unos ojos que invitan a una paz inmensa, esta paciente y amiga me hacía cómplice de lo que a su juicio y criterio es necesario tener para crear entornos apetecibles, acogedores por su alto confort emocional.
Ambientes distintivos donde las miradas se crucen con empatía y sin malicia alguna. Sin intenciones ocultas de dañar, perjudicar o manipular en beneficio propio a costa de los demás. Sin tensiones ni conflictos, bajo el influjo de la comunicación abierta, la cultura de inclusión y aceptación o la acción de comportamientos positivos enfocados a crear entornos seguros donde no exista el temor ni angustia a ser juzgado, cuestionado o rechazado porque las voluntades de las personas que lo conforman se unen para cubrir de forma bidireccional una necesidad común. La de cumplir con las expectativas humanas universales de reconocimiento, validación y respeto con intención de conectar afectivamente, crear espacios donde todos se sientan cómodos, escuchados, valorados y representados por igual.
Sí, queridos lectores, incluir a personas de este perfil en nuestro hábitat es un acierto. En mi opinión, la mejor de las medicinas para dulcificar el estrés, la angustia o el temor provocado tantas veces por las desmedidas ganas de ser y hacer, autoafirmación y productividad.
La medicina más efectiva y práctica por enseñar a las personas el beneficio que trae consigo equilibrar la mirada, dirigir esta no solo hacia el interior, también al exterior. Enfocada a engrandecer el mundo de la conexión humana, dando prioridad a la dignidad del ser humano frente a la incontrolada necesidad de validación por alto nivel de exigencia.
Sí, queridos amigos, rodearnos de estos perfiles en nuestro entorno, con las características que describo a continuación, es más que recomendable. Aconsejable para mantener el equilibrio mental y emocional que ayude a responder con calma a situaciones sin reaccionar impulsivamente.
Personas generadoras de complicidad, habilidad de comunicarse de forma profunda sin necesidad de palabras. Con autenticidad, capacidad de vivir sin máscaras, exhibiendo la verdadera esencia del ser porque aceptan sus vulnerabilidades, miedos e imperfecciones. Motivadoras, por la habilidad de crear vínculos estables, seguros y confiables por la voluntad de observar el sentir ajeno, realizar el esfuerzo consciente para sintonizar con la realidad emocional de los que la rodean para percibir lo que necesitan.
Con actitud de relacionarse de forma adecuada con emociones ajenas. Validar sentimientos de las personas que le acompañan con ánimo de entender, ayudar y prestar apoyo sin juzgar, con prudencia, respeto y tolerancia porque desde su tierna infancia fueron adoctrinadas para comprender que en la empatía, solidaridad y altruismo reside su principal valor, grandeza como persona. Que saben estar presentes, acompañar con alegría manifiesta en los logros deseando lo mejor y en la adversidad, prestando apoyo y desahogo con palabras y obras, haciéndonos conscientes de cómo la incertidumbre, los desafíos o el desconsuelo son lecciones de vida para crecer y evolucionar, alcanzar un liderazgo de éxito en lo personal, social y laboral.
Personas con las que nos gusta estar no solo porque enseñan a mirar de “forma bonita” a los demás, también porque nos enseñan a valorar de forma conveniente nuestra persona, maximizando la autoaceptación, el manejo útil y provechoso de nuestras virtudes y defectos, aquello de lo que tanto hablo a mis pacientes en terapia por considerarlo esencial para ganar confianza en el interior y exterior.
Sí, queridos lectores, convenzámonos, estas son las personas que nos enriquecen, aportan valor a nuestra vida. Las que nos llenan de ganancias por su ejemplar forma de ser, actuar y ofrecer; por sus perspectivas conciliadoras, mostrando no solo lo bueno conseguido, sino la inseguridades, debilidades que dificultan el desarrollo personal, las que limitan tomar decisiones, llevándonos a vivir en la insana cultura de la comparación.

