Por Doctora Elsa Martí Barceló
Los trastornos de sueño se disparan en nuestra consulta tras la COVID 19. Si antes dormíamos mal, ahora peor. En España, 1 de cada 3 personas sufren problemas relacionados con el sueño, según datos publicados en el Día Mundial del Sueño 2020. Su prevalencia aumenta en mujeres entre la cuarta y sexta década de su vida; en personas mayores de 65 años y en pacientes con trastornos psicológicos.
Trastornos causados por la situación de incertidumbre que estamos viviendo y por el caos psicológico conlleva.
Trastornos que impiden tener un sueño reparador; provocan somnolencia diurna excesiva, y no nos permiten preservar un horario regular de sueño, alterando el ritmo sueño-vigilia.
De entre los trastornos del sueño, es el insomnio, la incapacidad de conciliar o mantener el sueño, el más relevante, y es por ello al que voy a referirme por ser el trastorno más frecuente. Una patología que puede ser de carácter transitorio, agudo o crónico en función de su duración; menos de una semana, entre una y cuatro semanas o más de cuatro semanas.
El insomnio puede estar provocado por diferentes motivos: preocupación personal, familiar o laboral. Puede ser síntoma de enfermedades mentales como la depresión, el estrés, la ansiedad, los rasgos obsesivos compulsivos o de patologías como la apnea del sueño, el hipertiroidismo o todas aquellas enfermedades que producen dolor físico. También puede tener su origen en la existencia de malas condiciones ambientales (ruido, temperatura…), el exceso de ejercicio, café, alcohol o nicótica o la ingesta de medicamentos como los diuréticos o los B. bloqueantes.
Los trastornos de sueño son de importancia por la discapacidad y el malestar que nos generan. Debemos preocuparnos por cuidar las medidas de higiene del sueño porque tener un sueño de mala calidad, no reparador, afecta a nuestra salud y a nuestra productividad.
Afecta a nuestra salud por ser un factor de riesgo para la aparición de enfermedades como la depresión, ansiedad, obesidad, diabetes o enfermedades cardiovasculares.
Afecta a nuestra productividad y rendimiento porque no dormir nos fatiga física y mentalmente, nos dificulta cumplir con nuestras obligaciones profesionales, familiares y sociales al afectar a nuestro estado de ánimo, disminuir nuestra energía, motivación y poder de concentración.
A nivel laboral, se deben planificar acciones preventivas y de control, así como implementar programas de formación o sensibilización. Se debe optimizar la gestión de los turnos de trabajo y la adaptabilidad horaria. Implementar acciones dirigidas a los trabajadores para promover en ellos hábitos saludables que les ayuden a mantener una correcta higiene del sueño y al reconocimiento de sus características individuales para su óptima adaptabilidad al desempeño de sus tareas.
El no dormir también afecta a nuestro carácter y a nuestras conductas. Nos hace estar irritables, malhumorados, enfadados con el mundo. Hace que hagamos las cosas por impulsividad, hace que seamos vulnerables para cometer más errores en las actividades diarias por la somnolencia diurna que genera y porque nos lleva al abuso de consumo de alcohol, hipnóticos y tranquilizantes como forma de evasión.
Pensar en que un tercio de nuestra vida nos la pasamos durmiendo nunca me ha hecho feliz. Quizás sea porque lo relaciono con falta de tiempo para hacer cosas que me gustan o estar con personas que quiero. Pero el dormir, es evidente que es una actividad necesaria para nuestro organismo, es lo que nos ayuda a mantener nuestro equilibrio físico y psíquico.
Mantener una rutina de sueño, intentar cada día levantarnos y acostarnos a la misma hora, no permanecer en la cama fuera del periodo de sueño o procurar irnos a la cama antes de quedarnos dormidos en cualquier otro lugar es muy recomendable. Mantener la habitación en condiciones óptimas en cuanto a ruidos y temperaturas. Evitar las siestas largas, las cenas copiosas, la ingestión de alcohol, café o tabaco o la realización de actividades físicas antes de acostarse, nos ayudara a conciliar el sueño. Reducir el uso de dispositivos electrónicos y tratar sobre sobre situaciones que nos preocupan, poco antes de irnos a dormir, nos generan estrés y pueden interferir a la hora de tener un sueño de calidad.

