¡Que los jóvenes, en estos tiempos, sean más vulnerables a sufrir trastornos mentales es sin duda una realidad… ¡
Nuestros jóvenes no estaban capacitados para convivir con la tristeza y el miedo de una forma tan intensa, rotunda y abrumadora; no tenían experiencia para manejar emociones protagonistas de cuadros clínicos de depresión y ansiedad; no estaban psicológicamente preparados para asumir la falta de libertad espacial, ni la falta de autonomía para poder tomar decisiones y organizar sus recursos en pro de alcanzar sus deseos de vida. Absorber las circunstancias que les ha tocado vivir, asumiendo las especiales circunstancias, enfrentándose a un caos, sin precedentes, es algo realmente imposible.
Empatizar con lo que han sentido y vivido en los dos últimos años es lo que debe llevar a entender a los más mayores lo que no ha sido fácil de comprender, y mucho menos aceptar, para ellos.
Es obvio que a todos nos cuesta crecer, asumir la responsabilidad de hacernos cargo de la felicidad y el bienestar de nuestra existencia; pero si a la juventud, etapa de cambios, periodo de ilusión por nuevos retos, y también de incertidumbre por nuevas responsabilidades, “seré o no capaz”, se suma lo antes mencionado es fácil comprender lo necesario que es para la persona adquirir habilidades que le permitan progresar y avanzar en un mundo de necesidades y ambiciones insatisfechas.
Dentro de estas habilidades quiero destacar el auto lenguaje, la forma en que nos hablamos, lo que permite racionalizar la satisfacción e insatisfacción, cómo nos sentimos y cómo actuamos.
El auto lenguaje es la herramienta clave para acrecentar la inteligencia intrapersonal, el que las personas se conozcan y acepten tal y cómo son. Es el medio por el cual acceden a su mundo interior para conocer las necesidades, sueños y deseos del momento, las emociones y sentimientos que les embargan y las actitudes o comportamientos que les satisfacen o desagradan.
Así pues, aprender a hablarnos de forma asertiva es importante y conveniente, ya que ello determina nuestra valía o autoconcepto; la opinión o la imagen que tenemos sobre nosotros mismos, la fotografía interior responsable de “Yo soy o no soy; Yo puedo o no puedo”, y por ende lo que condiciona nuestros éxitos o fracasos.
Una escucha constructiva, sin juicios de valor negativos ni reproches en la forma de actuar; es lo que permite descubrir las capacidades que tenemos, “talentos, actitudes, conocimientos y habilidades” para conseguir un resultado eficaz en aquello que nos proponemos; lo que determina el protagonismo del Yo en la acción; lo que le otorga poder e influencia para ser, hacer y ofrecer sin barreras ni condicionantes. A través de él, nuestro Yo se capacita para alcanzar el liderazgo personal y profesional, o se desmotiva.
Empoderar el auto lenguaje, esforzarnos en trabajar un lenguaje guiado por afirmaciones y no por negaciones, es la solución muchas veces para evitar los males que nos aquejan, que la tristeza o el miedo nos incapacite para pensar con lógica.
Un lenguaje empoderado acrecienta la confianza en nosotros; nos da credibilidad porque nos recuerda nuestra integridad e intenciones, lo necesario para evitar que las auto profecías negativas se cumplan.
Un lenguaje empoderado sella nuestro destino para bien porque nos hace conscientes, libres y autónomos, creativos, apasionados y disciplinados para conseguir nuestros objetivos de vida.
Y ¿cómo empoderar el auto lenguaje? Fácil, tomando conciencia de cómo nos hablamos y cómo ello nos hace sentir… Reflexionando si los pensamientos que nos dominan proceden de un “Yo consciente, racional”; de un ”Yo severo, moralista” o de un “Yo irracional e inconsciente”… Siendo consciente que lo que uno piensa en el interior, lo experimenta en el exterior, de que la vida es una manifestación del diálogo interior que mantenemos con nosotros mismos. De que pensar constantemente de una forma negativa de uno mismo no ayuda, la mente subconsciente no solo lo acepta, sino que lo hace realidad. “Pienso-Realizo”.


