• En España se producen 3 violaciones al día, una cada 8 horas.
  • 1 de cada 20 mujeres en Europa ha sido violada.
  • Cerca del 70-80% de los casos están cometidos por alguien del entorno cercano.

Me he ido haciendo a ti a trompicones. Preguntándome qué estaba bien y mal. Qué derechos tenía y cuáles eran mis “obligaciones” reales. Qué representaba para otros el hecho de ser mujer, y qué debía representar para mí… por mí misma primero, y después para ti. Para que fueras más libre que yo, para que mi experiencia pasada no significara un impedimento en la tuya, para que tú abrieses las puertas a las que yo no llegaría.

Saber que nacerías de mi vientre y serías mujer me hizo desear con más fuerza y luchar con más fuerza. Me hizo poner límites que no hubiera puesto por mí. Me hizo saber que el legado más hermoso que nos ofrece la vida es el lazo de mujer a mujer, madre a hija… ¿Por qué?

Porque tenemos la misión de albergar la creación de la vida, y la vida nos dota de las cualidades idóneas para hacerlo de forma excelente. Es natural en nosotras el instinto de amar, el instinto de proteger y cuidar, el instinto de guiar y “mentorizar”, y el instinto de soltar cuando llega el momento. Todo lo demás no es natural, es aprendido y es condicionado por la creación social. Todo lo demás solo es miedo.

Ahora, la creación social nos ha llevado hasta un lugar de tinieblas. Te veo inmersa en él, igual que yo misma, y solo busco el modo de ayudarte a navegarlo con inteligente cautela. Pero tú en mí… ves el miedo.

Sí, hija; me aterra la idea de que una noche tu teléfono deje de narrarme una versión de tu vida antes impensable. Una versión construida con mensajes de esperanzada ilusión: “está en línea”, “última conexión hace solo unos pocos minutos”, “hola mamá, todo bien”, “hija está ahora en Moncloa”…

Quiero para ti el teléfono más potente, con las últimas novedades en localización, aviso, información, llamada de auxilio y comunicación inmediata a la esperanza que todavía nos queda: alguien bueno ahí fuera que sepa enseguida lo que tiene que hacer… si un día, cariño, estás en peligro…

No quiero vivir asustada y nunca lo hice hasta que empezaste a tener “vida propia”. Pero hoy tu vida sin mi vigilancia me asusta. Lo reconozco abiertamente y lo lloro en cada triste ocasión que nos recuerda la tiniebla social que hemos permitido. Cada vez que una joven de dieciséis, o de trece, o de veinte, desaparece sin más. O cada vez que una chica que sale a vivir como tú, es rodeada por un grupo de bestias.

Hay tanto uso de lo que somos acumulado en nuestro pasado, que hoy ser mujer significa primero ser un objeto “usable”, y solo después, significa ser el regalo para la vida que somos. En el medio hacemos, desempeñamos y mejoramos. Pero esto no es “lo que somos”, ni lo que el inconsciente primitivo “entiende que somos”.

[Lo siento, señores y señoras, no me interesa ningún hito social que desnaturalice lo humano. Mi debate no es la conquista social de quienes somos mujeres. Mi pregunta es qué hizo que tuviéramos que “conquistar” algo nuestro, y qué hace que resulte tan duro el camino, y tan terrible caer en manos de las mal llamadas “manadas”? (Como recordaba una colega en Facebook hace unos días, las manadas naturales son algo bien diferente. Las manadas de verdad solo velan por una cosa: la continuidad de la vida)].

Empecé en ti y en ti acabo, cariño:

Ante todo y frente a todo, dedícate a Ser, y disfruta del precioso regalo que es este viaje.

Pero acepta también tristemente que para poder vivir Siendo, tendrás que mirar a ambos lados y atrás en más de una ocasión. Acepta que más de una vez te enfadarás conmigo, pero al final cederás porque te ayudaré a entender que debes permitirme velar por ti en la distancia. Hija, seguiré estando. Y un día posiblemente estarás a este lado, y serás tú quien vele por tu continuidad y regalo a la vida: tus hijos.