La voluntad es esencia de alegría y satisfacción, la característica que define y determina nuestro ser y sin la que no seriamos lo que somos.
La voluntad empodera nuestra forma de hacer para alcanzar metas lejanas, pero sin duda alcanzables. Nos hace insistir y persistir en el camino correcto que lleva a culminar con éxito el futuro tantas veces soñado a pesar del cansancio y de la fatiga que ello conlleva. La voluntad acrecienta de paz, sosiego y bienestar nuestro “Yo personal y laboral” porque lo adecúa al medio y a la situación, le da la firmeza necesaria y suficiente para mantener constancia en las decisiones poniendo en juego todos los recursos, habilidades y fortalezas propias, como el autodominio o autocontrol, capacidad que tienen las personas para regular de forma consciente y voluntaria comportamientos impulsivos, con el fin de alcanzar un mayor grado de equilibrio personal y relacional.
La voluntad da respuesta a “por qué” hacemos lo que hacemos. Una capacidad imprescindible de cultivar para que los propósitos de conseguir algo se cumplan, ya que predispone a la acción y al esfuerzo para alcanzar lo que anhelamos, ansiamos o aspiramos.
La voluntad junto a la proactividad es lo que hace personas activas y emprendedoras. Ambas capacidades caminan de la mano para ordenar actitud y comportamientos, para acometer con intención lo que de verdad queremos porque nos compensa su resultado. Despertar la voluntad hace que seamos constructivos, decididos y responsables a pesar de las dificultades e inconvenientes que podamos encontrar en nuestro camino. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.
Tener fuerza de voluntad es una cualidad básica en el ser humano para avanzar y progresar, es lo que despierta el coraje que necesitan las personas para liberarse de la pereza de la rutina, de lo familiar y conocido y adentrarse en el mundo de los sueños y deseos, con esfuerzo, constancia y disciplina, tomando conciencia de que lo que incomoda en un principio tiene recompensa más tarde. La voluntad da valentía para intentar las cosas <<sin miedo al fracaso a no ser capaz>> . Impregna de valor y apasionamiento a las personas para efectuar cambios, cambiar para crecer como personas en su ámbito personal y profesional.
La fuerza de voluntad es la virtud que uno debe buscar y tratar de encontrar para guiar la conducta desde la razón y conseguir los propósitos. Una virtud que se adquiere con la educación, que crece con el esfuerzo y que se desarrolla con el sacrifico.
Aplazar la recompensa, renunciar a un deseo puntual por un querer más duradero es el hábito que debemos adquirir, entrenar y fortalecer si queremos conseguir un futuro prometedor en cuanto paz y bienestar. Un hábito difícil de conseguir si en nosotros no existe esa fortaleza interior llamado voluntad, esa autoridad que mantiene a raya a la personalidad, que nos aleja de la impulsividad de tomar decisiones precipitadas, cortoplacistas.
La voluntad es lo que hace que hagamos las cosas con disciplina, orden y moderación para lograr un propósito o conjunto de propósitos, fortaleciendo nuestra autoestima o el pensamiento de que uno no es capaz. La voluntad protege nuestro “Yo” de ser arrollados por las pulsiones e instintos. La voluntad crea personas sólidas, mentalmente saludables, tolerantes a la frustración, qué saben, qué hacer cuando las cosas se ponen difíciles, cambian o se complican. La voluntad es el medio para evitar procrastinar y ansiarnos por postergar lo que debemos hacer y crecer en satisfacción.
Tener voluntad me satisface porque ensalza mis esfuerzos, me hace poner el interés necesario y suficiente para que las cosas <<ocurran y no sucedan>>. Ser regular y contante en el ejercicio de la voluntad es lo que me da firmeza para seguir haciendo y no parar. Es lo que me incita a aprender habilidades, crear normas y hábitos para engrandecer mi “Yo” hasta límites insospechados.


