trastornos conducta alimentaria

 

Por: Dra. Elsa Martí Barceló

Vivimos sin darnos cuenta bajo la tiranía de la belleza y juventud. Cada vez son más las personas que recurren a la medicina estética y a las dietas milagro para mantenerse jóvenes, delgadas y bellas.

Los trastornos de la conducta alimentaria son un problema en la sociedad actual, su incidencia y prevalencia aumenta cada año.

Su aparición insidiosa junto la tendencia a la ocultación y el engaño, así como la cronicidad en el tiempo hace que sea una dolencia complicada de diagnosticar y de tratar.

Datos aportados por la SEMG – Sociedad Española de Médicos Generales y de familia-, revelan cómo los trastornos de conducta alimentaria son la tercera enfermedad crónica más frecuente entre adolescentes. Estudios recientes nos dan a conocer como el 70% de nuestros jóvenes no se sienten a gusto con su cuerpo y cómo 6 de cada 10 personas están convencidas de que serían más felices si estuviesen delgadas.

Una enfermedad por sus antecedentes históricos ligada al mundo femenino, fruto de un pensamiento obsesivo “tiene peor imagen social una mujer obesa que un hombre obeso o que una mujer delgada, lo tiene más difícil para encontrar trabajo que otra con menor peso”, cuya tendencia cambia en la sociedad actual en que vivimos. No nos engañemos en cuanto a la motivación de unos y otros, lejos está el que los hombres adelgazan por motivos de salud y las mujeres por considerar la delgadez como lo ideal. Ahora, también ellos quieren estar delgados para sentirse mejor emocionalmente y se cuidan para ello.

Los trastornos de conducta alimentaria más frecuentes son la anorexia y la bulimia nerviosa y el trastorno de atracón.

Estas patologías tienen en común la distorsión de la percepción de la imagen corporal, el miedo al sobrepeso por idealización de la delgadez, así como la búsqueda de la autovalía en función de la apariencia física y no de capacidades y/o virtudes internas. Las personas víctimas de estas enfermedades suelen ser adictas a ciertos comportamientos (ayuno, vómitos autoinducidos, consumo de laxantes) para conseguir su objetivo, que no es sino adelgazar, bajo el convencimiento de que así mantendrán su autoestima.

No obstante, frente a ese común denominador, los enfermos de una u otra patología muestran importantes diferencias en cuanto a la actitud y conducta en relación con la comida. Una actitud disciplinada y muy rigurosa para perder peso si hablamos de Anorexia Nerviosa, frente a una actitud impulsiva y descontrolada si lo hacemos de la Bulimia Nerviosa o Síndrome de Atracón.

Veamos qué precipita su acción. Sin duda, muchos son sus desencadenantes. Entre ellos cabe destacar considerar la delgadez como sinónimo de éxito personal, seguridad y aprobación social; el impacto de los medios de comunicación (anuncios de televisión, revistas de modas…), la exposición al estrés crónico y utilizar la comida como mecanismo de evasión a este; ser víctima de acoso psicológico o ser discriminado por el peso, conductas aprendidas por imitación de comportamientos de los padres, dificultad para relacionarse o vivir inmersos en relaciones conflictivas, adoptar la delgadez como sinónimo de superioridad frente a los demás, situaciones de cambio, comentarios de personas significativas en la que las personas se sientan evaluadas.