“Es más prioritario el gabinete de Alcaldía que la inversión en los ciudadanos”. Quien esto criticaba hace exactamente un año cuando se aprobaron los presupuestos para 2011 era Elena Biurrun, entonces portavoz de Vecinos y ahora alcaldesa. De aquellas palabras, estos lodos. Vecinos ha venido alardeando desde que accediera al gobierno municipal de haber ahorrado 161.925 euros anuales en los cargos de confianza del anterior ejecutivo.
Sin embargo, han aprobado un presupuesto donde dedican 2,5 millones de euros a contrataciones externas. De éstas, 150.000 serán para medios de comunicación social, propaganda y un cambio de la imagen corporativa porque no les gusta la actual. Su gran apuesta frente a la crisis y la austeridad. De nuevo, su política: la propaganda con el dinero del contribuyente.

Además, habrá contrataciones externas en urbanismo; es decir, el ciudadano paga los salarios de un arquitecto, dos aparejadores, urbanista, delineante, técnicos y un concejal y ahora abonará también la contratación de una empresa externa que se encargará de lo mismo. Igual ocurre en otras áreas como cultura (250.000 euros) o personal (55.000). La austeridad, manifiesta en cualquier administración pública, en Torrelodones se convierte en mera propaganda: su principio, su fin, su medio. Y frente a esto, 54.000 euros se destinarán a “atenciones benéficas, becas y premios”.

Después de seis meses de gobierno, ya no extrañan estos presupuestos, cuyo cambio con relación a los anteriores es un quito aquí y un pongo allí. La sociedad, diseñada en torno a un triángulo: en la base, los funcionarios (los que trabajan) y los ciudadanos (los que pagan) y en el vértice superior, los Vecinos, los que cobran. El Partido Popular, que votó en contra de los presupuestos, los calificó “de falta de compromiso”. El portavoz de acTÚa tiene la llave municipal y en el Pleno de presupuestos, con su abstención, quitó un tímido cerrojo y una puerta quedó abierta al futuro. Algo que Vecinos no asimiló y criticó en las redes sociales. A nadie sorprende ya la actitud del otro socio, el socialista, un partido que en Torrelodones ha perdido su identidad y a poco que se esfuerce su sillón municipal.

El único papel de Bidart es hacer de rémora al ejecutivo municipal y oposición de la oposición. La defensa que hizo de los presupuestos presentados por Vecinos fue más contundente que la del concejal de Hacienda que daba la impresión de no creerse lo que estaba contando. El Partido Popular defiende una gestión y se encuentra en medio de una antítesis. Una vez concluya su exaltación por los resultados electorales tendrán que encarar una conquista del electorado en Torrelodones. Saben que hay más de siete mil personas esperando una reacción que ya no puede dilatarse más.

La única por el momento que ha sabido hacer frente ha sido la presidenta del PP, Gádor Ongil, no permitiendo que un acto electoral del Partido Popular se convirtiese en mera propaganda de Vecinos. Biurrun, acompañada por dos de sus concejales, intentó acceder a la conferencia que ofrecía el diputado Arias Cañete a algunos empresarios, cuando previamente había sido avisada de que se trataba de un acto del Partido Popular. “Voy donde me da la gana”, al parecer replicó la alcaldesa. No, irá donde pueda o donde le dejen. Sólo es alcaldesa por desquite y Torrelodones no es su casa, aunque ella y sus acólitos se empeñen. Después vendrían los reproches y la nota de prensa, donde manifestaban el gran interés de la alcaldesa por escuchar las palabras del diputado popular. Sin embargo, no tuvo ningún interés ni en escuchar al diputado nacional socialista ni en dar la bienvenida al ministro de Educación cuando recientemente estuvieron en Torrelodones.

O no le interesaba la charla sobre educación o del Partido Socialista sólo quiere su voto incondicional. Y el PSOE calla. La anécdota retrotrae a cinco años cuando en Torrelodones había un Partido Socialista, la segunda fuerza, y como tal se comportaba. A menudo, por el municipio pasaron diputados de ese partido, secretarios de Estado y hasta un ministro. Nunca hubo el más mínimo incidente. Más bien lo contrario. En un acto en Torreforum de los socialistas con el ministro Bono, el anterior alcalde, Carlos Galbeño, se acercó hasta la entrada a darle la bienvenida en nombre de los ciudadanos. Llegó, saludó y se marchó.

Ni un intento de acceder a donde no había sido invitado. Ni una nota de prensa. Ni un reproche. Cuestión de formas, de estilo, de ser y sobre todo de saber estar.