Recomendaciones para vivir una de las festividades más importantes para el cristianismo, el Misterio Pascual.
Para renovar convicciones religiosas mediante acciones que reflejen y demuestren lo esencial para nosotros, nuestra fe cristiana, el compromiso y la lealtad con el único líder capaz de conquistar un número infinito de corazones.
Al que de manera irrefutable se alaba por su forma de amar y sacrificarse. Al que se admira por su soberanía y grandeza, ser autor incuestionable de la existencia y creación. Al que se le venera, honra y respeta por su inmensa bondad e infinita generosidad, al que se le sigue por ser el artífice de un imperecedero legado, enseñanzas y valores que trascienden el tiempo y no mueren.
Sí, queridos lectores, estoy hablando de Dios. Y de la significación que tiene para nosotros conocer la riqueza inmaterial que Él nos ofrece, la promesa de resurrección y vida eterna. Lo que de generación en generación se trasmite con intención de trasformar vidas.
Al que cada día es mi intención conocer más a través de la Biblia, el libro de sus hazañas, milagros y acciones divinas. El libro que llegó a mis manos como regalo de Primera Comunión. Aquel que aborde con espíritu investigador, me asombró y me cautivó y que pasado los años vuelvo de nuevo a releer para comprender lo que significa unirse a la causa de este gran y único líder. Lo que implica hacer su voluntad, vivir en obediencia a sus enseñanzas, respetando y cumpliendo con lo que Él nos pide: sacramentos y mandamientos. Normas de conductas dictadas por Dios, orientadas a guiar a la humanidad hacia la salvación y la vida eterna, el lugar donde todos queremos llegar. Lo registrado en lo que se considera es palabra inspirada de Dios escrita por humanos.
En el caso de los mandamientos de obligado cumplimiento para católicos y no católicos por ser fundamento para una convivencia armoniosa. “… No matar, no robar, no ofender, no calumniar, no explotar al prójimo” no son prohibiciones absurdas o caprichosas, son mandatos sabios, sabiduría práctica para encaminar el gobierno de la voluntad hacia el bien común.
Como nos explica el P. Loring” … las cosas no son malas porque Dios las prohíbe, sino que Dios las prohíbe porque son malas…” ¡Y qué razón tiene! Pensadlo y razonarlo, tiene su lógica.
Los mandamientos es lo que garantiza al hombre alcanzar una vida digna, con un orden social adecuado por respetar los derechos fundamentales de la persona para una convivencia armoniosa.
Como dijo Dostoievski “… si Dios no existe, todo está permitido”. De ahí la importancia de seguir sus mandamientos, lo que aplicamos y practicamos sus seguidores para construir una interrelación social libre y justa. Porque como bien dicen los teólogos “… Dios no quita la libertad para lo bueno, sino para lo malo”.
Convenzámonos, Dios es el mayor aliado de la libertad humana. Aliado por liberar a la persona de pulsiones e instintos desordenados, “hacer lo que uno quiera sin orden ni control o sin pensar en las consecuencias” ¿Puede haber una forma más inteligente de protegernos del error y de la equivocación?
Reflexionemos pues, sobre lo que nos hace libres “… yo soy libre cuando elijo lo que me perfecciona como ser humano. Sí actuó solo en virtud de mis apetencias momentáneas soy esclavo de mi tendencia a tomar lo agradable como valor supremo. Lo agradable es un valor, pero se halla en la más baja de la escala de valores…” (Goethe).
Comprendamos pues que “… la moral católica no es represiva, no quita la libertad al hombre, la orienta para que se realice como persona humana…” (P. Loring).
Os invito a reflexionar y a meditar esta Semana Santa sobre las enseñanzas y sacrificio de este gran líder. Os invito a ello para “ … vuestro bien y para el bien de todos” … ¡Feliz Semana Santa queridos lectores!

