Gestión emocional convivirDRA. ELSA MARTÍ BARCELÓ

El dolor y sufrimiento alteró nuestra forma de convivir y relacionarnos…

El miedo, la angustia y el desasosiego se entremezclaban en el interior sacudiendo nuestro YO. De forma repentina, la distancia se hizo protagonista de la convivencia alterando hábitos y costumbres. El YO renunciaba de forma consciente; y sin él quererlo, a lo que estaba acostumbrado a hacer como mecanismo de defensa ante lo que consideraba dañino y peligroso.

Pasado un año y medio, todos somos conscientes de lo necesario que es reeducar nuestro Yo para volver a la vida social, lo que ahora denominamos la nueva realidad. Un volver a educar que nos permita ejercitar nuestro potencial frente a los nuevos desafíos que presenta interaccionar de nuevo con personas. El aislamiento al que hemos sido sometidos nos ha hecho olvidar las situaciones cotidianas, a veces adversas, que forman parte de la vida diaria normal y que tenemos nuevamente que afrontar.

Asimilar y aceptar las nuevas normas que van a gobernar las relaciones sociales es lo que da pie a que nuestro YO social se afiance en un modo de ser y hacer más saludable, innovador y creativo. Un YO que aprenda a ser feliz de forma diferente, sin añorar el pasado, aceptando las condiciones presentes. Convivir es un verbo del que se habla fácilmente, pero sin comprender muchas veces las dificultades que entraña llevarlo a la práctica.

Educar en positivo la actitud de nuestro YO debe ser el objetivo si queremos ganar esta batalla. Con firmeza y determinación debemos invocar una actitud flexible dispuesta a valorar el dolor y el sufrimiento como experiencia de aprendizaje, con disposición aceptar las diferencias a la hora de comunicarnos y relacionarnos, opiniones preconcebidas, negativas o intransigentes por el mero hecho de ser distintas a las propias.

Una actitud que valore la interdependencia, la relación necesaria de dependencia recíproca entre las personas, con disposición a ceder para buscar puntos comunes de encuentro en una sociedad sujeta a cambios, en la que es fácil agredir y que nos agredan cuando no se proclama una cultura inclusiva o no se acepten diferentes formas de pensar y actuar. Un YO, para el bienestar mental propio y colectivo, que garantice, sin duda, la importancia de proteger la libertad no solo individual sino colectiva. Relaciones constructivas y equilibradas, posturas y formas de proceder basadas en la igualdad, alimentadas por el reconocimiento, la confianza y el respeto.

Lo anterior no impide (y más cuando nuestros días de vida se acortan a medida que nos hacemos mayores) que tendamos a compartir nuestro tiempo con personas afines a nosotros, cautivadoras de nuestra atención, con valores, costumbres y tradiciones semejantes a las nuestras, que nos atraigan y seduzcan por lo que son y no por lo que tienen. Son esas personas y no otras las que enaltecerán un mundo de recuerdos lleno de momentos especiales y significativos.

Volvamos a la realidad, abandonemos ese mundo feliz de los recuerdos, y aceptemos que tenemos que relacionarnos con personas diferentes a nosotros en su forma de sentir y actuar. Claro ejemplo de ello es el mundo laboral donde hay que aceptar compañías impuestas y no elegidas. Un escenario exigente donde la mente racional y emocional tiene que esforzarse por llegar a consensuar de forma inteligente cómo interactuar. Un consenso basado en la satisfacción de las dos partes que dé firmeza y estabilidad para una convivencia sana, equilibrada y pacífica.

Tenemos que ser conscientes de que convivir exige un esfuerzo de adaptación para aceptar a las personas tal como son, sin intentar cambiarlas, encontrando puntos de acuerdo y de unión y no de discordia o diferencia. Rebajar nuestras expectativas respecto a los demás es la solución para que este esfuerzo se consolide y se negocie de forma adecuada al amparo de saber rectificar, asumir, ceder y tolerar.

La empatía y la cooperación es lo que da la palabra a la mente emocional para solidarizarse con el sentir ajeno, y sin duda, lo que potencia que la mente racional sea más abierta a las críticas, más tolerante con las diferencias y más respetuosa en los conflictos.