Garabandal, nuestro Lourdes, Fátima español…Dra. Elsa Martí Barceló

Dicen que “cuando con el corazón se quiere, con el corazón se habla”. Y así lo voy a hacer yo, tras conocer, investigar una historia conmovedora, fantástica y maravillosa, acaecida en los años 60 en nuestra querida España, Tierra de María, las Apariciones de la Santísima Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen en San Sebastián de Garabandal.

Desagraviar el Inmaculado Corazón de María, corresponder de forma honorable a la visita de Nuestra Madre del Cielo es lo que me lleva hacer una profesión de fe pública y razonada de estas apariciones, defender una transcendental causa injustamente tratada, silenciadas sin explicación alguna por determinadas autoridades de la Jerarquía Eclesiástica.

Una historia protagonizada por cuatro niñas de 11 y 12 años, Conchita, Mari Loli, Jacinta y Mari Cruz a las que la Santísima Virgen eligió como instrumentos para difundir mensajes de salvación y esperanza para la humanidad.

Niñas inocentes, sencillas, poco formadas de un pueblo habitado por personas humildes, trabajadoras, muy religiosas a las que la Santísima Virgen premió con su visita durante casi más de 3 años y medio.

Unas apariciones creíbles avaladas por miles de testigos, civiles y sacerdotes, figuras importantes en la docencia, el apostolado y la santidad como  el P. Lucio Rodrigo, profesor de Teología Moral en la Universidad Pontificia de Comillas; el P. Manuel García Nieto, actualmente en proceso de canonización o el P. Royo Marín, de el que se ha dicho fue el más grande de los teólogos españoles del siglo XX; respaldadas por grandes santos de la Iglesia como el Padre Pío, la Madre Teresa de Calcuta o los Papas San Pablo VI y San Juan Pablo II, certificadas por prestigiosos médicos de la época, como los psiquiatras Dr. Puncernau, Sanjuan Nadal, el pediatra Celestino Ortiz o el médico de familia Félix Gallego…

Unas apariciones que despertaron en mí la curiosidad, voluntad de racionalizar unos hechos inexplicables para la ciencia y la lógica. Unos trances o éxtasis incomprensibles en cuanto a duración, signos clínicos y comportamientos para los compañeros que vieron porque estaban ahí, presentes, dedicando tiempo de calidad a hechos inconcebibles que estaban sucediendo.

Niñas que se transfiguraban en estatuas de cera, que las pinchaban y no sentían, que no parpadeaban en respuesta a potentes focos de luz; que no se podía mover por el cambio inexplicable de peso que experimentaban. Con mimetismo exacto en los cambios de expresión emocional de la cara, las cuatro a la vez y en el mismo instante sonreían, se santiguaban de forma simultánea sin mirarse unas a otras.

Niñas protagonistas de caídas de rodillas al unísono con gran rapidez sobre suelo pedregoso sin experimentar lesión alguna o de caídas lentas hacia atrás sin llegar al suelo y subida de nuevo sin ningún tipo de apoyo. De marchas extáticas, rápidos desplazamientos hacia delante o hacia atrás, con los brazos en cruz, en hiperextensión del cuello, cabeza flexionada mirando al cielo y sin mirar al suelo por suelos intransitables sin caer ni tropezar, sin experimentar signos de fatiga alguno, taquicardia o sudoración. Niñas capaces de levitar, subir del suelo 10 cm en horizontal, reconocer sacerdotes vestidos de civil, proporcionar detalles de su vida a personas que no conocían o de repartir, devolver anillos, rosarios besados por la Santísima Virgen a sus dueños sin equivocarse de noche y sin luz.

Unas apariciones que os invito a conocer y difundir por ser protagonista de un gran milagro, la comunión visible de Conchita 18 de julio 1962, por sus gracias y conversiones, por acrecentar la Fe a pesar de ser motivo de polémica por coincidir con el Concilio Vaticano II, como ha quedado ampliamente demostrado en el encuentro internacional del pasado 17-19 de octubre “ Garabandal, lo difícil es no creer”, organizado por Iniciativa Internacional España con Garabandal, movimiento de laicos al que pertenezco.