Desde los cuatro, por decir lo menos, puntos cardinales de la hispanidad llueven las noticias que invitan al optimismo. Constantemente se dan a conocer hechos que nos hacen renovar la confianza en que el desarrollo intelectual, de nuestra raza en particular y de la humanidad en general, no conoce límites. Cierto es que no faltarán quienes nos reprochen una mala percepción de la realidad y sostengan que esos límites existen, pero que nosotros avanzamos en la dirección opuesta y por eso los vemos cada vez más lejanos. Pero no es menos cierto que esta forma de pensar solo genera insatisfacción y amargura y aquí hemos venido a pasarlo bien.
- Avances en la investigación aplicada. Tiemblen Harvard, Oxford y los ochenta institutos de la Sociedad Max Planck, que en la afamada y siempre andina Universidad de Aquino se ofrece a los alumnos del grado de Turismo —enseñanza universitaria desde tiempos de Casiodoro, pues no en vano formaba parte del quadrivium: aritmética, geometría, música y turismo de sol y playa— un curso de investigación paranormal. Como no podía ser de otro modo, en la reseña periodística de este evento, obra de la cadena Telemundo, se nos asegura que estudios como el que se imparte en las aulas del alma mater paceña “servirá para mantener la memoria histórica de este país”. Nada mejor, en efecto, que una conexión por ouija o unas buenas psicofonías para mantener el contacto con quienes han sido definitivamente acogidos en el manto de la Pachamama. Que creen otros institutos oncológicos, nosotros debemos crear la red telúrica iberoamericana Pitonisa Lola.
- La Navidad para quien la trabaja. El hombre que inspirara la “Candonga de los colectiveros” y que introdujera a tantos universitarios españoles en los secretos del baile y la banca, proclamó recientemente que el buen comportamiento del pueblo venezolano —o lo que queda de él— merecía un reconocimiento. Consecuentemente, el sátrapa decretó que este año las navidades durarán en Venezuela tres meses y medios, prolongándose desde el primero de octubre hasta el 15 de enero de 2025. Y eso que “salieron unos tipos con sotana por ahí”, unos tiquismiquis de la Iglesia católica poniendo reparos que fácilmente rechazó el okupa del palacio de Miraflores con la tajante afirmación de que “Jesucristo le pertenece al pueblo, las navidades son del pueblo”. Por supuesto, estaba implícito que el pueblo lo conforman quienes decida el Pol Pot caribeño. Fíjense lo que hemos avanzado en convivencia y tolerancia, que por mucho menos se desataron en Europa unas terribles guerras de religión. Pero no todo es alegría y felicidad, pues como dijo una venezolana peor menos en televisión: no puede ser navidad hasta después de Halloween. Servidumbres del calendario litúrgico.
- Un Parlamento comprometido en la lucha contra el racismo. El bar del Parlamento de Cataluña, órgano de encuentro y deliberación de la asamblea legislativa autonómica, ha adoptado la gallarda decisión de dejar de vender “Conguitos” por las innegables connotaciones racistas del producto. Imposible imaginar un producto que incite más al racismo que un cacahuete recubierto de chocolate. Repárese, a este respecto, en que es la chocolatina más vendida en Alabama, Luisiana y Carolina del Sur. Los responsables —es un decir— del establecimiento pueden enfrentarse ahora con un desafío creciente: ¿Se servirán brazos de gitano? ¿seguirán aceptando la distinción entre chocolate blanco y negro? ¿qué hay de los filipinos? ¿qué se hará del café negro? La lucha contra el racismo es exigente y no puede uno descuidarse, que la manga pastelera la carga el diablo.
En todo caso, convendrá poner negro sobre blanco que “Conguitos” es un producto elaborado por Chocolates Lacasa, empresa fundada en 1852 por don José Antonio Lacasa en su Jaca natal. Cierro estas líneas recordando que esta misma firma comercializa los “Lacasitos”; se mire por donde se mire, una provocación innegable en plena crisis de la vivienda de alquiler.


