Diciembre invita hacer balance sobre lo alcanzando a lo largo del año. Abre las puertas al mundo interior para realizar una crítica constructiva sobre aquello importante que nos ha sucedido, con la intención de concienciarnos sobre nuestro grado de responsabilidad en lo que nos propusimos hacer, cambiar, transformar, y por un motivo u otro no hemos logrado.
Insistir en los retos, propósitos y objetivos no alcanzados es la solución para acallar quejas y lamentos en nuestra sufridora conciencia.
Al igual que los demás, yo también me planteo reincidir en todo aquello que de positivo ha acontecido en el año en curso e insistir cara al año 2022 en lo que considero buenos retos y no he sido capaz de llevarlos a buen término. Logros que me incentiven por ser un desafío para consolidar la paz interior y la seguridad que necesito para renovar mi potencial y crecer profesionalmente.
Entre mis propósitos para este año entrante, y en el plano de la Salud, he destacar la realización o práctica de ejercicio, ya sea en forma de disciplina deportiva o más sosegadamente caminando o haciendo ejercicios aeróbicos. El ejercicio, ese hábito saludable que causa un efecto positivo en el bienestar físico, mental, emocional y social de las personas.
Incorporar el ejercicio a nuestras costumbres de vida es la decisión, la actitud, el comportamiento inteligente. La costumbre que da pie a que todos ganen, jóvenes y mayores. Un hábito para realizar libre de excusas y pretextos, ya que realizar ejercicio no lo determina la edad biológica sino el estado físico y emocional que uno tenga o adquiera.
El vigor, la vitalidad, la energía necesaria para realizarlo no entiende de edad sino de espíritu, carácter, mentalidad o deseo que uno tenga para querer hacer. A diario, veo en mi consulta a personas mayores que son vitalistas, motivadas, trasmiten ilusión, ganas de hacer, incluso de aprender. También veo a jóvenes desmotivados, aquejados de una vejez prematura.
El ejercicio es vida. Es remedio eficaz para proteger la salud, nuestro bien más preciado. La piedra angular de nuestros tratamientos no medicalizados al ayudar a mantener una buena calidad de vida al prevenir y curar enfermedades.
Realizar actividad física de forma regulada, constante y dirigida es esencial por cuanto aumenta la movilidad, la capacidad de reacción y coordinación, fortalece el tono muscular y mejora los reflejos. Previene afecciones como la osteoporosis u artrosis o reduce trastornos como el estrés, la ansiedad, la depresión o el insomnio. El deporte es la forma de combatir el sedentarismo. Ese aliado de enfermedades como la obesidad, la hipertensión, la diabetes o los eventos cardiovasculares, ictus o infartos, entre otras muchas enfermedades
El deporte, un hábito necesario de establecer en nuestras prácticas por ser vitamina eficaz para enfrentar la soledad, conectar con otras personas y establecer vínculos de amistad. Como diría una amiga mía “Sudar juntas, une mucho” y es preferible a como dicen otros “Criticar juntos, une mucho”.
Un hábito saludable de practicar si queremos reforzar la autoestima, la opinión que tenemos de nosotros mismos. El ejercicio expresa la capacidad y habilidad que tienen las personas para luchar por lo deseable, estar bien. El ejercicio habla de nuestra voluntad, tenacidad y disciplina para conseguir nuestro deseo. Expresa nuestro grado de ambición en cuanto a mantener la salud, así como la inteligencia a la hora de utilizar lo que nos puede divertir para despertar pasión y motivación. El ejercicio es fiel reflejo de lo que nos apreciamos y nos consideramos.
Encontrar la motivación que ayude a poner en movimiento nuestro cuerpo con el fin de mejorar su funcionamiento debe ser nuestro propósito para este año que entra. Un propósito perenne en el tiempo si las personas son conocedoras del beneficio que comporta. Reto que se consolida cuando se impregna de pasión el espíritu para obtener un buen rendimiento en la acción de ser, encontrarse y sentirse mejor.


