Seguidamente reproducimos un artículo, publicado en nuestra edición impresa, en el que el autor expresa su opinión sobre la desaparición del Premio de Poesía Juan Van-Halen y sobre La Solana que, en un principio iba a albergar una biblioteca consagrada a la poesía y que recogería un legado histórico y fondos bibliográficos del poeta y senador.
Posteriormente, en otra entrada daremos cuenta de las aclaraciones que Juan Van-Halen ha hecho a este artículo y que han sido enviadas a nuestra redacción.
Antes de nada, déjenme que les aclare que este escrito está realizado sin conocimiento de Juan Van-Halen, poeta al que admiro, pero con el que no me unen lazos de amistad o parentesco. Le conozco personalmente, pues le traté durante la presentación del libro “Torrelodones pueblo de poetas”. Nada más.
Bien, vayamos con el artículo:
Si yo fuera Juan Van-Halen, me sentiría muy molesto con el comportamiento del actual equipo de Gobierno de Vecinos por Torrelodones hacia mí. Nada que ver con el trato recibido por los anteriores.
El Gobierno anterior, sin tanto presumir, se ocupaba de la Cultura; la propagaban no la menospreciaban.
Se instituyó, entre otras muchas cosas, el Premio Juan Van-Halen de Poesía. Hoy en día desterrado de los presupuestos porque se intentó negociar con el insigne poeta la devaluación del Premio, pasando de ser de 9.000 euros a 4.500 euros. Juan Van-Halen, razonablemente, se sintió menoscabado.
Los anteriores gobernantes dedicaron mucho esfuerzo de todo tipo a restaurar el Palacete de La Solana con vistas a convertirlo en Centro Cultural, eminentemente relacionado con la poesía. Juan Van-Halen, enterado de ello, ofreció al pueblo de Torrelodones (no al anterior alcalde ni a la alcaldesa actual) una hermosa biblioteca personal de unos 14.000 volúmenes.
Al anterior equipo de Gobierno solo le dio tiempo a restaurar el palacete de La Solana, apoyados económicamente por el Ministerio y la Comunidad de Madrid, organismos a los que ustedes –equipo de gobierno actual- no supieron sacarles ni un euro para rematar la obra y dotarla del equipamiento necesario, una labor que ya les concernía a ustedes como responsables de gobernar el pueblo (y ya sabemos mediante qué torticeras maniobras).
Como son incapaces de solucionar casi nada, por mucho que pregonen lo contrario y a pesar de presumir de superávit, no equiparon el palacete de La Solana. Como recurso más peregrino que eficaz, se les ocurrió invitar a Juan Van-Halen a comer (por favor, no me lo nieguen, ustedes y yo sabemos que es cierto), para arteramente pedirle que se ocupara él de dotar al edificio del equipamiento necesario.
Suerte tuvieron que el gran poeta de Torrelodones fuese un hombre educado y les contestara que no entraba en sus planes hacerse cargo de esa partida. Seguramente acudió a su mente la célebre frase del Conde de Romanones, cuando aquellos que le habían prometido el voto se abstuvieron: “¡Jo que tropa!”
Ahora, nos hemos quedado sin un palacete, llamado a ser la Casa del Poeta; sin una hermosa y bien surtida biblioteca generosamente donada, y sin premio de Poesía, pero tenemos un palacete que se ofrece como “coworking” (esa es otra, ¿por qué no utilizar para la oferta un nombre en castellano, que los hay, en lugar de ese nombre sajón?).
Curioso, a la entrada del pueblo, por la avenida de Valladolid, existe desde hace tiempo un hermoso local pensado para el mismo fin, bastante mejor ubicado que La Solana y nadie lo pretende. ¿Van a ocupar el palacete de La Solana, mucho peor ubicado, y con condiciones si no draconianas, nada fáciles de cumplir?
Tampoco parece muy normal que el Ayuntamiento se meta a intentar hacer negocios con los inmuebles del municipio. Cierto, que si no han sabido utilizarlo para el fin que fue pensado: potenciar la Cultura (demasiado para ustedes), busquen otras alternativas. Reos de su fracaso les vemos.
Esperamos que, defraudado Van Halen tanto como nosotros, encuentren pronto asesores que les lleven por el buen camino. Solos está claro que no saben.
Antonio Tormo


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