El pasado mes, uno de nuestros colaboradores, Julio Pareja, publicó un estupendo artículo histórico, en el que hablaba de los Juicios de residencia, un procedimiento que estuvo en vigor en España hasta el reinado de Fernando VII. Todo aquel que había desempeñado un cargo en la Administración, desde virreyes hasta alguaciles de los municipios, al concluir su mandato tenían que someterse a un juicio durante el cual permanecían en su lugar de residencia por un periodo de tres meses. Mediante un examen de documentos e interrogatorio de testigos se decidía sobre la forma en que habían desempañado su cometido y su buen o mal hacer. Podían ser felicitados, multados, inhabilitados o condenados a prisión. Desafortunadamente estas prácticas desaparecieron hace mucho tiempo. En su lugar, los ciudadanos juzgan a través de las urnas. Mientras tanto, son los propios políticos los que llevan a cabo una valoración de su gestión; habitualmente de los cien primeros días y después anualmente.

En Torrelodones durante el último mes los ciudadanos han asistido a un despliegue inaudito para vender el producto Vecinos por Torrelodones; se han paseado por los medios que habitualmente no se ocupan de la política local y han contado su historia, lo que ellos quieren decir, sin que nadie les lleve la contraria, y han tapado sus miserias. Han vuelto a hacer gala de su supuesto superávit y ocultado que ha sido gracias a una serie de circunstancias y a la gestión de otros; han tapado la subida generalizada de impuestos y de tasas y su falta de rigor a la hora de hacer un presupuesto municipal. Solo en los seis primeros meses en junta de gobierno, sin pasar por pleno, han aprobado facturas extrajudiciales que rondan el millón de euros. Hablan de ahorros y tapan la pérdida de servicios. Dos ejemplos: basuras y autobuses. Y lo que es peor, presumen de haber bajado sus salarios. Nunca alguien que no ha tenido un sueldo en los últimos años puede haberlo reducido. La alcaldesa de Torrelodones pasó en el año 2007 de tener 0 ingresos a lograr una nómina como portavoz de VxT. Llegó a junio de 2011 con un sueldo de 15.500 euros y de ahí, al mes siguiente, a 50.000. Y a esto le llaman bajada. Igual sucede con el resto de sus compañeros. Cada uno de ellos ha incrementado a lo largo de este año su poder adquisitivo y ha logrado un estatus que nunca tuvo por méritos propios. Publican que ya no tienen chófer. Y callan que ahora la misma persona hace de conductor, de bedel y de aparcacoches. Se llenan la boca con la palabra transparencia y han convertido el gobierno de Torrelodones en una oligarquía. Cada taller, actividad, conferencia… está copado por miembros del partido de Vecinos por Torrelodones. Mención aparte son los contratos, los asesores externos… Y la comunicación, siempre al servicio del partido. Fuimos los primeros hace ya un año en denunciar el mal uso que estaban haciendo de la revista municipal, pagada con el dinero del contribuyente. En el próximo pleno, a petición del Partido Popular, el concejal de Comunicación, Ángel Guirao, tendrá que dar cuenta de las cartas, anónimas en unos casos y en otros escritas por miembros de VxT, publicadas en la revista contra el PP o contra cualquiera que no siga sus directrices. Ha tenido un mes para preparar su estrategia. Se inventará historias. No sería la primera vez. Incluso echará alguna lagrimita, como ya es costumbre. Y el Pleno tendrá que decidir si acepta o no su cuento. Difícil lo tiene el PP. Vecinos tiene a sus socios que miran para otro lado y, a cambio, les aprueban sus propuestas. La última, presentada por el PSOE, la de cobrar el IBI a la Iglesia. ¿Y por qué no empezar con los partidos políticos y sindicatos? Solo en el primer trimestre de este año, el Estado ha abonado 16,28 millones de euros en subvenciones para el funcionamiento de los partidos más 845.681 euros para cubrir gastos de seguridad. En España hay 300.000 políticos más que en Alemania. A cualquier ciudadano le piden su currículum para ocupar un puesto de trabajo. Los políticos solo necesitan inventárselo. Sobran diputados, senadores y, desde luego, concejales.

Hace unos días, el propagandista de Vecinos decía en una entrevista: “el problema de nuestros políticos es que no tienen otro modo de ganarse la vida, por eso se aferran a sus cargos”. Seguro que estaba pensando en alguno de sus compañeros/as.

Se preguntaba Julio Pareja en el artículo al que aludíamos al comienzo, si no merecería la pena instaurar los Juicios de residencia. Desde luego. ¿Se imaginan que los políticos, del escalafón más bajo al más alto, dieran cuenta de su gestión ante un tribunal cada cuatro años? Desaparecerían las corruptelas, el amiguismo, la manipulación no tendría sentido y triunfaría el ciudadano y la democracia.