Nuevamente la actualidad nacional vuelve a saltar a nuestras páginas. Si el mes pasado cerrábamos la edición hablando de la dimisión de la presidenta de la Comunidad de Madrid, este mes de junio nos tenemos que referir a la moción de censura contra el hasta ahora presidente del Gobierno de la Nación.
Si la moción de censura es un instrumento legítimamente reconocido, chirrían los matrimonios de conveniencia entre partidos cuando el único interés es, precisamente, ese: partidista y personalista.
Ser reina, aunque sea por un día, y a costa de un país, parece ser el objetivo.
La corrupción ha sido la excusa perseguida. El nuevo inquilino de la Moncloa ha estado al acecho, agazapado, esperando el momento oportuno. Por higiene democrática, dicen. Para volver la estabilidad al país, replican. Y mientras esto aseguran, la bolsa bajando, la prima de riesgo subiendo, la economía paralizada…Y lo llaman estabilidad.
Pero, tal vez, lo peor de todo sea el precio a pagar. Miramos las hemerotecas – la prehistoria, dicen algunos-. Y recordamos al PSOE con los casos de corrupción y financiación ilegal de Filesa, Malesa y Time Sport; ya en la actualidad, los juicios por los ERES: dos ex presidentes autonómicos en los banquillos, una trama urdida desde los años 2001 a 2010, más de 855 millones desviados de los parados a ¿?…, unos 300 imputados. Un bagaje de un partido, el socialista, que no hace al futuro presidente de España ser adalid de la limpieza democrática que se desearía. Sin obviar que en el Partido Popular deberían haberse limado responsabilidades por sus escándalos corrosivos y haber hecho una limpieza que nunca llegó.
Y el nuevo presidente, feliz por ser la reina, que le asegura un sueldo vitalicio de 80.000 euros anuales. No importa quiénes sean sus compañeros ni su matrimonio de conveniencia; véase el partido más corrupto de la historia de España con los pujoles (¿a estos nadie les condena?), los puigdemones, los separatistas, los independentistas, los etarras, los populistas ahora “encastados” y los socios listos –porque si alguien ha sido el “listo” de esta película de Berlanga ha sido el PNV: primero apruebo presupuestos y pillo y luego me voy con los otros para seguir pillando. Y el nuevo presidente, que solo ambiciona el sillón, gobernará con los presupuestos que rechazó justo una semana antes. Ni Berlanga lo hubiese mejorado.
Pero como siempre hay aprovechados, encontraremos alguna rata más salir de las cloacas para ver qué pilla en lo que queda de legislatura. Asistiremos a la unión de progresistas con la derecha más rancia y comprobaremos cómo las feministas se abrazan y fusionan con los misóginos, aquellos que utilizaron sus redes sociales para insultar a la mujer. Pero como siempre, el pato lo pagarán los mismos: los ciudadanos. Y todo por los matrimonios de conveniencia.

