Dra. Elsa Martí Barceló

El turno es de ellosEste mes de junio quiero dar protagonismo a los que con nobleza de espíritu me hacen cómplice de sus sentimientos, a los que comparten conmigo cómo, cuándo y a quién manifiestan sus emociones por entender que hablar de lo que sienten “no es signo de debilidad sino de valentía”. Sí, queridos lectores, este mes se lo dedico a ellos, a los padres, hijos, hermanos…, en definitiva, hombres de mi consulta.

Hombres reales, no imaginados ni idealizados. Auténticos por mostrarse tal como son. Con talentos y atributos para negociar con un mundo exigente en cuanto a su forma de sentir, con rasgos de carácter orientados a promover actitudes, patrones de comportamiento que favorezcan satisfacer la necesidad común que todos tenemos de sentirnos valorados, queridos y respetados por nuestras acciones, virtudes o destrezas innatas.

Con fortaleza para intimar con la vulnerabilidad, capacidad de quitarse las máscaras ante el miedo, el dolor o la tristeza para alcanzar un liderazgo de vida exitoso. Exitoso, en cuanto a la búsqueda del bienestar y realización personal.

Un liderazgo efectivo definido por la proactividad en la dirección y ejecución de su proyecto de vida, tomar la iniciativa anticipando dificultades, haciendo que las cosas sucedan en lugar de solo reaccionar a las circunstancias culpando al entorno.

Un liderazgo triunfante por no dejarse llevar por la negatividad, quejas o críticas que dificulten asumir la responsabilidad del autogobierno y por ende sus consecuencias, el control consciente de sus emociones, la capacidad de identificar, aceptar y gestionar sus estados de ánimo sin reprimir lo que sienten para conseguir logros, éxito materializado tras cumplir con los objetivos marcados.

Victorioso en cuanto a obtener el permiso mental para transitar por la adversidad de forma efectiva, validar emociones con voluntad y esfuerzo para mantenerse firme ante los desafíos, situaciones difíciles o complicadas con intención de satisfacer la necesidad de seguridad y propósito. En el caso que nos ocupa la presión social, los mandatos de género impuestos por la sociedad de generación en generación en cuanto al sentir de los hombres, represión de la tristeza o el miedo ante la incertidumbre, autorización de la rabia o el enfado ante la frustración.

Fructífero por los resultados positivos de aplicar la autoexigencia.  Priorizar expectativas moderadas y realistas sobre la complacencia de expectativas ajenas desmedidas para evitar el temor, miedo o angustia al rechazo.

En definitiva, el liderazgo que emerge al perfilarse un pensamiento que necesitamos o que nos falta para llenar de paz y bienestar nuestro mundo interior. Sede de las interpretaciones subjetivas, el espacio donde cada cual en soledad procesa su realidad, da significado a lo que vive, desea y ambiciona. Lo que los filósofos llaman Santuario de la libertad humana y en psicología se denomina Santuario de la propia identidad por ser el lugar donde se forja quienes somos.

Sí queridos lectores, con mi escrito quiero poner en valor a los que considero son expertos en sacar provecho de un colorido paisaje de emociones con intención de engrandecer su YO. Descubrir con decisión los deseos, sueños y ambiciones que nacen en él por el hecho de nacer y ser persona.

Escuchar su forma de sentir es lo que hoy me lleva a desmitificar el legado cultural basado en las diferencias, lo que me lleva a compartir una verdad, algo en lo que estoy firmemente convencida y que en mí se ha acrecentado por el conocimiento y experiencia de mi actividad profesional, y es el hecho de que el sentir no tiene género, que las emociones son innatas al ser humano, habitan en los corazones con independencia de la condición femenina o masculina. Que desfilan por su interior con firmeza y determinación, sin pasar desapercibidas en pro de la autorrealización y que lo único que diferencia a unos y a otros, por cultura y socialización, es la manera diferente de manifestarlas y expresarlas.

Recomendación ultima para todos los que hoy me leéis… “Permitirse ser débil, es uno de los caminos más seguros para llegar a ser fuerte” (L. Mundy).