compartir-crecerDRA. ELSA MARTÍ BARCELÓ

Una madre en la consulta me planteaba, hace unos días, lo difícil que le resultaba compartir el amor de su hijo con una tercera persona, su nuera. Me hacía confidencias de lo incómoda que vivía, dominada por un sentimiento egoísta y vergonzoso, con intención de buscar soluciones a un conflicto que le restaba paz y tranquilidad de conciencia.

Una situación que le asustaba, superaba y entristecía produciéndola un sentimiento de frustración, desilusión y decepción que jamás había sentido anteriormente, porque ella no era así.  Sin duda, un conflicto de conciencia asentado en el deseo, la necesidad legitima, aunque egoísta, de adueñarnos de las personas y quererlas solo para uno mismo.

Compartir es un verbo difícil de practicar. Supone partir, dividir, repartir y distribuir lo que la vida nos va dando ya sea en positivo o en negativo. Compartir supone una capacidad para trazar lazos con otra persona que no siempre es fácil , y se complica cuando se trata de AMOR en mayúscula.

Saber/poder compartir se convierte en una condición indispensable para materializar el éxito en los objetivos, proyecto de vida. Compartir nos da visión, misión y metas, coherencia de vida, correspondencia en la forma de pensar, sentir y actuar con intención de evitar la desconfianza, sembrar la desilusión o el desencanto. Compartir establece lógica en el pensamiento, fortalece la autoestima para crear e innovar, buscar la forma correcta de relacionarnos, encontrar el modo de ver las cosas para llegar a buen puerto, interiorizar cómo el bien crece y se multiplica cuando se comparte, y el mal se atenúa y decrece.

Una condición para tener en consideración por aportar las características necesarias que determinan a un ser y sin las cuales no sería lo que es, ni tendría lo que tiene. Valores como la generosidad, la sinceridad, el respeto, la creatividad o el agradecimiento se engrandecen cuando compartimos lo valioso que tenemos para que otro también lo pueda disfrutar. Cuando hablo de lo valioso no solo hago referencia a lo material, también al conocimiento, pensamientos, sentimientos y experiencias.

Compartir es la respuesta eficaz para cumplir sueños y ambiciones, solucionar conflictos en todos los ámbitos de vida. Compartir mejora la productividad, el rendimiento, la capacidad para satisfacer necesidades, identidad en lo personal, valía en lo profesional o pertenencia en lo social.

Compartir mejora nuestro “Yo” poque nos hace conscientes de lo necesario que es cumplir con la exigencia de dar para evitar el desaliento, el miedo, la tristeza o ansiedad. Su práctica nos permite obtener complicidad con los demás, acercarnos a los que queremos al desechar actitudes, comportamientos egoístas, haciéndoles partícipes de lo que nos agrada, hace feliz y no solo preocupa.

Compartir nos ayuda a empatizar, entender y comprender emociones ajenas. Condición irremplazable para sentirnos escuchados, comprendidos y aceptados.

Compartir maximiza la capacidad de relacionarnos con los deseos del otro con intención de hacerlos un poco nuestro, favorece comprender el entorno y adaptarnos a él desde la inclusión, ser parte de una realidad donde el respeto, la tolerancia y la cooperación son reflejo de una buena convivencia.

Compartir va unido a control emocional, comunicación asertiva para respetar las diferencias, tolerar biografías, opiniones, posturas distintas a las nuestras en pro de alcanzar un mundo más feliz en el que vivir.  Una realidad exterior en la que el amor, la confianza y comprensión invite a dar consejos y ayuda, sentir que no estamos solos por primar la sonrisa y los buenos gestos.

Compartir, requiere comunicar y tener una actitud abierta y no cerrada. Requiere no aislarse en uno mismo. Requiere confianza en uno mismo y no temer la aceptación o no de las personas con la que vas a compartir. Requiere seguridad.

Educarnos en compartir exige ejemplo, actitud de comprender que quiere el otro y comprender que juntos llegamos más lejos.