Mª Luisa Turell

Un estudio de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) analiza las perspectivas de España para una recuperación económica, que está resultando más persistente que en la mayoría de economías de la OCDE. Este documento presenta una actualización de las políticas que dicha Organización considera idónea para contribuir a una mejora duradera en el futuro del país en seis sectores clave: las finanzas públicas, el mercado laboral, el sistema de pensiones, la innovación, el medio ambiente, y la educación.

Los seis puntos que el estudio señala como objetivos de mejora educativa son:

  • Seguir invirtiendo en la atención y educación de la primera infancia, prestando más atención a las medidas orientadas a la calidad, centrándose en las cuestiones relativas al personal, los planes de estudio y la evaluación.
  • Aumentar la proporción de estudiantes que se gradúa en la enseñanza secundaria superior mediante la aplicación de medidas previas en primaria y secundaria básica, la reducción del número de repetidores y el apoyo específico a los alumnos que estén a punto de abandonar los estudios.
  • Aumentar el atractivo de la formación profesional y apoyar las pasarelas que permitan acceder a más opciones académicas en la enseñanza secundaria superior.
  • Apoyar a las escuelas para que sean más eficaces, otorgándoles más autonomía, en particular en lo referente a las decisiones sobre contratación de los docentes y el contenido de los planes de estudio, facilitando a los directores de los centros la capacidad y el respaldo adecuados.
  • Implantar un sistema de préstamos estudiantiles, en función de los ingresos familiares para todos los alumnos del tercer ciclo, incluidos los que hayan optado por la formación profesional.
  • Vincular más estrechamente la financiación de las universidades con sus resultados, a fin de darles más autonomía, especialmente en lo relativo a la determinación de las condiciones laborales y los salarios del personal.

Todo esto, como teoría, es correcto. Pero como siempre, toda propuesta teórica tiene que venir acompañada; en este caso, de la puesta en escena en el escenario de nuestras alteradas aulas y con nuestros poco esforzados alumnos. Serán vanos los intentos de cualquier gobierno por elevar el nivel de enseñanza de nuestros centros educativos, si no se promueve antes y con toda firmeza la pedagogía del esfuerzo, que no se aplica hoy día en casi ningún ámbito.

Como todo en la vida, la mejor lección es la del ejemplo. Así, en la medida en que nuestros hijos y alumnos observen cómo nosotros también nos esforzamos en el trabajo y en otras ocupaciones, ellos también se esforzarán. Al menos estarán en el camino más correcto para lograr sus objetivos. El 90% de los niños en edades comprendidas entre seis y doce años ven a sus padres y maestros como un ejemplo a seguir a la hora de esforzarse y trabajar bien. Además de un referente a la hora del esfuerzo, tendríamos que ser, padres y maestros, quienes más felicitásemos a hijos y alumnos por sus logros y los que más les animáramos a no ser perezosos.

En edad temprana es cuando se puede crear en los niños hábitos con mayor arraigo y naturalidad. Debemos luchar y evitar la formación de una personalidad débil, caprichosa e inconstante, propia de personas incapaces de ponerse metas concretas y cumplirlas. Si no les enseñamos a luchar y a poner empeño en pequeñas cosas, corren peligro de convertirse en no aptos para cualquier tarea seria y ardua en el futuro. Han de saber que importa más su trabajo y esfuerzo que el objetivo a alcanzar, (aunque una cosa llevará a la otra), pero es preciso hacerles ver claramente las razones de su trabajo, despertando en ellos la satisfacción del trabajo bien hecho.

Intentemos, una vez más, construir el edificio desde los cimientos y será posible, algún día, colocar con éxito el tejado.