Julio Pareja

De los, para mí, tres héroes fundamentales de la Conquista de Las Indias, Las Casas es el único conocido mundialmente. Desgraciadamente, de su lucha en defensa de los indios y de su oposición al trato injusto que por parte de los conquistadores se les daba, lo que ha quedado para nosotros es que su “Brevísima Relación de la Conquista de Las Indias” haya sido la justificación de la Leyenda Negra española.

Nacido en Sevilla en 1484 hijo de Pedro de Las Casas, que había participado en el segundo viaje de Colón, viajó a La Española en 1502 donde recibió una Encomienda que administró hasta 1506. Regresó a Sevilla desde donde marchó a Roma y se ordenó como presbítero. De vuelta a Las Indias asistió al Sermón de Montesinos y fue capellán de Pánfilo de Narváez en la conquista de Cuba, y a pesar de haberse mostrado muy crítico con el Conquistador y sus matanzas, recibió un repartimiento. Convencido de lo injusto del sistema, en 1514 pronunció un sermón en el cual renunció públicamente a sus encomiendas.

Se vinculó a los dominicos y acompañó a Antonio de Montesinos a España para elevar nuevas peticiones al Rey Fernando, y a la muerte de éste al Cardenal Cisneros y después a Carlos I. En 1521 ingresó en la Orden de Santo Domingo y se retiró para dedicarse al estudio y a escribir fundamentalmente la “Historia de Las Indias”.

En 1535, de nuevo en América, comenzó su programa de cristianización pacífica en la Vera Paz, en Guatemala, que no funcionó como él esperaba, y en 1540 regresó a Castilla y se entrevistó con Carlos I. Fruto de esas entrevistas fue la convocatoria del Consejo de Indias en Valladolid, que en 1542 dictó las Leyes Nuevas, Enviadas a los virreyes, dieron lugar a la célebre anotación marginal con que fueron publicadas: “Acátese, pero no se cumpla”, y a un cúmulo de reclamaciones, peticiones de aclaración, etc., que las dejaron sin efecto real.

Las Casas fue nombrado Obispo de Chiapas en 1543, y residió allí hasta el año 1547, en que renunció al obispado y regresó a España. Su insistencia en la igualdad de todos los hombres, apoyada por parte de los teólogos de la Universidad de Salamanca discípulos de Francisco de Vitoria, frente a la idea basada en Aristóteles de que hay seres cuya humanidad no es plena, llevó al Regente, el príncipe Felipe, a convocar una reunión de teólogos en Valladolid que tuvo lugar en 1550 y 1551 y que fue conocida como La Controversia de Valladolid, en la que se enfrentaron Las Casas y el teólogo Ginés de Sepúlveda sin un resultado definitivo.

No obstante la falta de un dictamen claro, la Junta trajo consigo una modificación de las Ordenanzas vigentes, obligando a un trato más humano a los indígenas, a la teórica desaparición de las encomiendas, al reforzamiento de las abandonadas leyes nuevas, a la creación de la figura del Protector de los Indios, y a la obligación de que en las sucesivas conquistas debían ser los religiosos los adelantados, y solo cuando hubieran convencido a los naturales del territorio de la paz de sus intenciones podrían entrar los militares y, después, los civiles. Nunca en la historia de la Humanidad un país ha desarrollado una conquista con una política semejante.

Después de la Controversia, Las Casas redactó su conocida Brevísima Relación de la Destrucción de Las Indias, y siguió luchando por los derechos y la igualdad de los indios hasta su muerte ocurrida en 1566.

Hace unos años, en México D.F., un estudioso de la Conquista me dijo una frase que para mí resume la incomprensión que no ha terminado de enfrentarnos: “Mientras no haya en México una estatua de Hernán Cortés y en España otra de Bartolomé de Las Casas, no podremos ser pueblos hermanos”.