(*) Seguidamente, y por venir al caso, reproducimos un artículo publicado en LA VOZ DE TORRELODONES Y HOYO DE MANZANARES – en Julio de 2011- Nos anticipamos a la noticia que hoy ocupa las páginas de periódicos nacionales.
Fernández
Algo ha cambiado en Torrelodones. Ha cambiado el sexo del ocupante del coche oficial. Antes viajaba un alcalde y ahora lo hace una alcaldesa. El chófer y guardaespaldas siguen siendo el mismo. Razones de seguridad lo hacen aconsejable. Eso decía el anterior cuando le preguntaban en el pleno y eso dirá la sustituta del asiento de atrás si le inquieren, supongo. Cuatro días ha aguantado la ilustrísima señora doña Elena Biurrun antes de subirse al vehículo municipal. Eso sí, en un alarde de austeridad, la alcaldesa viene y va en el viejo coche, ese que según dicen pasaba más horas en el taller que en la calle. Cuando venza el leasing del otro, el Passat, se devolverá. Y mientras, seguiremos pagando por su alquiler y mantenimiento, aunque no se use. Y pagaremos por el mantenimiento y las averías del otro también. Esta es una iniciativa de ahorro en condiciones y lo demás inventos de los peperos, a los que han ganado la carrera electoral adelantándoles por la izquierda.
Debe ser muy consciente la ilustrísima señora doña Elena Biurrun de que los votos que le han dado el bastón de mando no son de apoyo a ella sino de rechazo al PP. Creo que fue Elena Biurrun la que aseguró en distintos foros que nada de pactos de Gobierno y que ellos no eran políticos, sino vecinos. Y también la que renunció al coche oficial que ahora lo mismo la lleva a ver a Esperanza Aguirre que al Polideportivo Municipal. Eso sí, no le faltan palmeros en El Mundo que engañan a sus lectores contando lo contrario. Presumen de conocer la realidad de Torrelodones los que escriben de oídas sin mover el culo de la redacción.
Tenemos alcaldesa por dos circunstancias, dados los resultados en las urnas. La primera, la exigua venganza que para el PSM supone arrebatar al PP de Madrid una alcaldía. Las órdenes en este sentido fueron precisas. Los que juraban y perjuraban en el PSOE local que ni locos darían su voto a mis adorables Vecinos se han tenido que meter la lengua en el bolsillo y la orden de sus superiores en otro sitio. A votar sin condición alguna. Porque sí. De regalo. Por la cara.
Distinto es el caso de ACTUA, donde ha sido necesario un profundo debate. Lo único que no era opinable era un supuesto voto a favor del PP, pues habría sido éste un acto contra natura en una agrupación ciudadana que tiene muy claros sus principios. Llegados a ese punto sólo cabían dos posibilidades. La abstención, cuyo efecto sería igual que votar a los peperos, o votar a Vecinos tapándose la nariz, pero eso sí, garantizando el cumplimiento de un buen número de puntos de programa electoral defendido por Rubén Díaz. No hay pacto de Gobierno en cuanto a reparto de cargos, algo que ACTUA tenía claro desde el principio. Pero sí lo hay en cuanto al programa. Los de VxT no lo quieren reconocer porque ello implica que antes de empezar a gobernar ya habían incumplido el primer punto de sus promesas electorales. Ha sido divertido ver el ejercicio de prosa desarrollado en sus comunicados, pidiendo el voto implícitamente y casi de rodillas, mientras simulaban desinterés en gobernar. Han sido espeluznantes algunas idas y venidas, notario incluido, para fraguar la investidura de la ilustrísima señora alcaldesa. Lo importante ahora es que el apoyo, el de ACTUA al menos, no es incondicional. Se basa en el cumplimiento de los acuerdos alcanzados en torno a un programa y los triunfantes Vecinos por Torrelodones deben ser muy conscientes de dónde están. Son la segunda fuerza política. Se quedaron muy lejos, mucho, de una mayoría absoluta. Y a la menor, las cañas se les pueden volver lanzas. Así que menos bromas, menos chulerías en calles y bares, menos sonrisitas de autocomplacencia y a trabajar. Que para eso van a cobrar. Porque van a cobrar. Uno de los grandes objetivos de estas elecciones se va a cumplir. La señora de Cano, de soltera Raquel Fernández, por fin va a trabajar. Y a cobrar. Esto es democracia real, como bramaba el inigualable Juan Luis en su papel de Luis Ricardo Borriquero durante la investidura del Salón de Plenos, antes de que la ilustrísima señora alcaldesa permitiera a los chicos del 15-M leer su manifiesto en un ejemplo de aperturismo a la sociedad. O quizá de oportunismo. Porque ya no son vecinos. Ahora son políticos. Y de los que cobran, mandan y viajan en coche oficial.


